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dimarts, 6 de març de 2012

La Nasa tiene Capitana






                                                       Ariadna Ocampo

Ariadna Ocampo, de 56 años , nacida en Colombia y criada en Buenos Aires lleva casi 40 años trabajando en la NASA. En la actualidad es directora de  dos misiones extremadamente complejas: Nuevos Horizontes, con rumbo a Plutón y al cinturón de objetos Kuiper, en los confines del Sistema Solar; yJuno, con destino Júpiter  en la División de Ciencias Planetarias de la NASA  (...) Diseñar una misión interplanetaria significa ayudar a seleccionar las propuestas que hacen cientos de especialistas en docenas de universidades, definir las prioridades científicas, supervisar con ojo de águila la construcción de las naves y, una vez en el espacio, garantizar que se cumplan los objetivos científicos. Su puesto requiere incluso ser un poco psicóloga cuando las cosas no van bien. “Tienes que saber cuáles son las preguntas importantes de cada proyecto y asegurar que se ajusten al plan 2013-2023 de la NASA”, resume en una entrevista telefónica. Su voz, dulce y pausada, tiene el acento musical del Buenos Aires donde se crió. “Además de identificar el talento Espaciocientífico, debo escoger personas que sean líderes y buenos portavoces. También tengo que hacer recortes económicos cuando es necesario. Aunque lo más triste es llamar a los rechazados; se te parte el corazón. Porque preparar tales propuestas no solo tienen un coste de entre uno y dos millones de dólares, sino que a veces implica sacrificar la vida familiar. Es un drama personal”. La misión Juno, que llegará a Júpiter en 2016, no fue ajena a este tipo de retos. Los constantes tijeretazos presupuestarios retrasaron dos veces el despegue de la nave. En 2005, año en que se aprobó el proyecto, Ocampo fue trasladada del Jet Propulsion Laboratory (JPL), en California, a las oficinas de la NASA en la capital.


“El nombre es muy adecuado”, explica. Y añade: “Para esconder sus malas andanzas, el dios romano Júpiter se rodeó de una gruesa capa de nubes. Pero su esposa, la indomable Juno, tenía el don de mirar a través de ellas y descubrir la verdadera naturaleza de su marido. Eso es exactamente lo que hará la Juno creada por los mortales. Aparte de complementar las observaciones realizadas por la sonda Galileo en 2003, trazará una órbita polar, en lugar de la ecuatorial descrita por su antecesora. Por otra parte, será la nave que viaje más lejos del Sol exclusivamente con paneles solares.(...)


Puesto que Júpiter es tan inmenso –casi una estrella fallida, como lo describen algunos expertos–, pudo retener su composición original, a diferencia de la Tierra, que se consolidó como planeta rocoso. Probablemente apareció en una etapa temprana del Sistema Solar, capturando el hidrógeno y el heliosobrantes del Sol. Incluso se piensa que fue el primer planeta en condensarse. Lo interesante es saber, apunta la científica, cómo nació exactamente: ¿Existió primero un núcleo masivo compuesto de cometas que capturó gravitacionalmente el gas? ¿O se colapsó una región inestable dentro de la nebulosa primordial? Situado a apenas 4.800 kilómetros sobre las densas nubes jovianas, Juno medirá la cantidad de agua y amoniaco presentes en la atmósfera, y determinará si cuenta con un núcleo sólido. Para revelar otro misterio, el de sus enormes auroras y su letal radiación, cartografiará los campos gravitacionales y magnéticos. Recordemos que su magnetosfera es la más grande de nuestro vecindario después de la del Sol.

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Las aventuras científicas de Adriana Ocampo comenzaron hace 50 años en la terraza de una casa bonaerense. Entonces, la pequeña Adriana tomaba los controles de su nave de sábanas y cartones, se colocaba en la cabeza un escurridor para espaguetis, adornado con pinchos de carne, a modo de antenas, y partía rumbo a la Luna con el perro-copiloto Tauro y la muñeca-astronauta Juanita. “Juanita tenía un traje de papel de aluminio, y a Tauro le puse su propio casco-colador”, rememora. “Pero lo mejor era explorar los cráteres lunares nunca vistos por el hombre”.

Esos cráteres de impacto han marcado la vida de Ocampo. 20 años después de sus juegos infantiles, dio con el premio gordo: el inmenso agujero que dejó un meteorito en Chicxulub, hipotético responsable de la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años. “La idea se me ocurrió durante un congreso en México, cuando vi una imagen de la península de Yucatán tomada por el satélite Landsat”, explica. “Aparecían cenotes –grutas llenas de agua que se abren en la superficie– alineados en un semicírculo gigante. ¿Podría ser la huella de un cráter escondido en el subsuelo?”
(...)
“Mi sueño es que alguna universidad en Latinoamérica pueda colaborar con componentes o instrumentos en una misión futura. No es tan difícil. Lo primero es que, poco a poco, la región vaya pensando en el espacio y los beneficios que puede brindar a cada país. Colombia, Perú, Ecuador, Chile, México, Brasil y Argentina tienen ya comisiones dedicadas a este tema”. Ocampo no es nueva en estas lides. Hace al menos dos décadas ayudó a crear la primera Conferencia Espacial de las Américas. “La exploración es capaz de mejorar el nivel de vida de una nación, inspirar a futuras generaciones e identificar soluciones innovadoras a los problemas actuales. Latinoamérica está en posición de abrazar la nueva era espacial, pero necesita desarrollar una política regional con decisiones a nivel gubernamental”, concluye esta capitana del espacio.




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