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dimarts, 20 de març de 2012

El mito del amor romántico


Con un  post anterior "El mito de la maternidad innata"  (13 de marzo de 2012) comencé un intento de "desmitificar" muchas ideas extendidas en nuestra sociedad y que perpetúan la desigualdad de género. Es necesario conocerlos y saber que hay otros modelos posibles. El género es una construcción social y si queremos igualdad real debemos crear juntos nuevas masculinidades y feminidades.                                                 
                                         ¡Es posible!

En la idea romántica del amor el otro se sobreestima, no se le ve en su diferencia, en su realidad cotidiana. Se le idealiza. Por eso se dice que el amor es ciego. Cuando cae el ideal la mujer puede seguir amando en lo real cotidiano, pero en el fondo de su ser espera que la otra persona se aproxime al ideal que ella se ha forjado. En la idea romántica del amor no se ve a éste como un proceso a desarrollar sino como una emoción inicial que debe perdurar «y fueron felices».Esta idea romántica del amor no está reñida con el ideal de mujer moderna que promueve nuestra sociedad androcéntrica y que podemos ver en la publicidad: mujer seductora, competitiva e independiente, por lo menos hasta que encuentre el amor ideal. Entonces será perfecta ama de casa, amante de sus hijos y de su esposo y, a la vez, buena trabajadora. Y es que el cambio de costumbres, altamente difundido hoy en los programas de televisión, no tiene por qué relacionarse con un cambio en los modelos de relación. Se pueden tener prácticas relacionales diferentes a las tradicionales y sin embargo tener como meta, en el imaginario, un modelo de relación ideal y deseable que se contradice con los hechos. Por ello es importante desvelar el imaginario y hacer visibles otros modelos amorosos no androcéntricos.
El modelo ideal de relación amorosa ha sido construido socialmente y de ello hay que hablar en la educación de las y los adolescentes.
(...) A partir del siglo XIX, gracias a la ideología romántica, el amor se convierte en el eje principal que da sentido a la existencia, dando paso a continuación al matrimonio con aquél o aquélla objeto de la pasión. Este sentimiento de amor romántico va acompañado, en el imaginario y en la realidad cotidiana, de futuro matrimonio o convivencia, casi siempre con hijos incluidos, junto a la fidelidad sexual, con lo que implica de posesión, celos y agresividad psicológica y/o física. En el amor, sin embargo, la posesión, el control y los celos son actitudes y comportamientos que acabarán con él.
Este mito del amor romántico tiene mayor eco en las mujeres, que asumen en mayor grado la limitación de la actividad sexual a una única pareja. Todo este proceso hace que se dirijan y desarrollen fuertes sentimientos hacia quien que parece ser la fuente del mayor goce y placer, el otro. Por ello cuando el otro como «único» falta, o no está presente, podemos oír frases como esta: «mi vida sin ti no tiene sentido», frase, por otra parte, que podemos oír en las canciones más actuales y que indica el miedo a la pérdida y la angustia, ante la posibilidad o la certeza de que el otro desaparezca.
Gran parte de la identidad de las mujeres se ve implicada en este mito, al poner y projectar la mayoría de sus ansias, necesidades de amor y proyecto de vida feliz en ese vínculo elegido. En aras de este proyecto interiorizado «y fueron felices» se sacrifican y soportan relaciones que no son de respeto ni de igualdad, esperando que algún día lo sean. Y es que las opciones individuales están condicionadas por la existencia de los modelos sociales imperantes e interiorizados en cada individuo.

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