Hands

diumenge, 20 de maig de 2012

¿Quiere más a sus novelas o a sus hijos?

Por Lucía Pastor


El título de esta entrada hace referencia a una lucha interna que tenemos muchas mujeres, de forma más o menos permanente. A menudo me pregunto si  hay un equilibrio entre  lo que se espera de mí como mujer y como madre y mis  actuaciones en otras facetas de la vida. Personalmente, no puedo evitar que me asalte la duda de si estoy repartiendo bien mi tiempo, si estoy siendo justa o egoista. 

¿A ti también te pasa?

Muchas mujeres han reflexionado sobre el tema y han sabido dar forma exquisita a sus pensamientos. Durante la lectura de este libro me he identificado con Carmen y Cristina y he sentido ganas de decir: "¡bravo!, sí, exactamente, eso es." Hoy quiero compartir lo que dice Carmen Laforet al tratar este tema.

Carmen Laforet recibió el Premio Nadal en 1944 con la obra Nada (os la recomiendo fervientemente). Se convirtió así en una "rara avis" pues las ocupaciones destinadas a la mujer eran el cuidado de la casa, la familia y poco más. Cualquier otro interés y/o actividad las "distraía" de sus obligaciones y debían rechazarlas. Este fue un tema que atormentó a Carmen quien combinó las dos facetas como  mejor pudo.

Carmen quiso mucho a sus hijos y siempre se preocupó por ellos y su bienestar. Con su hija Cristina tenía una relación muy especial, que se acentúa cuando la escritora madre está enferma (Alzheimer) y la escritora hija se encarga de sus cuidados. La conexión es tan intensa que Cristina nos transmite lo que piensa y siente su madre allá donde esté su mente. Sus  energías fluyen y se aunan a través de vasos comunicantes y Cristina nos hace partícipes. Todo esto sucede en el maravilloso libro Música blanca (Cristina Cerezales Laforet) del cual he extraído el siguiente fragmento.

Espero  que lo disfrutéis tanto como yo.

"He recuperado una serie de miedos heredados y olvidados y me pongo a considerar que la posibilidad de ser escritora es algo muy vacío y sin sentido, y la posibilidad de ser plenamente mujer , algo no solamente magnífico, sino obligatorio en el desarrollo de mí misma, en ese desarollo que me han enseñado mis mayores tan bien, tan profundamente a desear. No comprendo por qué en esta edad joven me pasa esto. Yo quiero ser una mujer plena, madre, amante, libre. Quiero vivir la vida deshaciéndome del pesado fardo de tener que contarla. Y al mismo tiempo comprendo que mi vida de escritora es inseparable de mi trayectoria como mujer, que no puedo de ninguna manera sentirme vacilante entre dos cosas que por naturaleza no pueden nunca jamás ser opuestas. Mi inteligencia me indica que  si poseo un don intelectual es un don de mí misma y entra también en el desarrollo de mi personalidad, tanto como el madurar físicamente, el tener hijos, el dedicarme a ellos, el envejecer bien y sabiamente.¿Por qué entonces esa estupida elección cuando no hay nada que elegir y sí mucho que cargar a cuestas en unas espaldas preparadas para toda clase de cargas vitales?¿Por qué esos miedos en una persona que se precia de ser tan valiente? Hay muchas ideas limitadoras que persiguen en esta época a la mujer, entrevistas mordaces en las que siempre acaban preguntándome si quiero más a mis novelas que a mis hijos...Me siento rebelde contra esas ideas absurdas y empobrecedoras."(1)
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(1) Cerezales Laforet, Cristina: Música blanca. Editorial Destino. Barcelona 2009. página 54.


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