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dimarts, 8 de maig de 2012

Issotta Nogarola, primera intelectual del Renacimiento

La vida de Isotta Nogarola, considerada la primera intelectual del Renacimiento, se caracteriza por (...) su lucha por ser reconocida como intelectual más allá de su sexo, a pesar de que eso le costó retirarse y vivir como una devota sin participar de los círculos intelectuales del momento. Nació en el año 1418 y se crió en el seno de una noble familia de Verona. Isotta y su hermana Ginevra, huérfanas de padre, fueron extraordinariamente educadas por varios preceptores contratados por su madre. Su hermana abandonó sus estudios para contraer matrimonio. Isotta, en cambio, optó por el celibato para poder dedicarse al saber y, consciente de su valía, trató de introducirse como una más en los círculos humanistas masculinos. Cuando contaba dieciocho años, ya había mantenido una importante correspondencia con escritores que habían alabado su elocuencia y su sabiduría. 


 RECHAZADA POR LA SOCIEDAD 

En torno a octubre de 1436, decidió escribir al prestigioso humanista Guarino Veronese (...) quien la humilló públicamente dejando sin respuesta esa misiva. Sin embargo, Isotta no se dejó asustar. Llena de rabia escribió de nuevo a Veronese en abril de 1437. En su carta se quejaba de la situación en la que había quedado a causa de la falta de respuesta del intelectual, por lo cual había quedado ridiculizada por toda la ciudad y suplicaba la ayuda de Veronese para recuperar su reputación poniendo freno a las “scelestas linguas que me llaman torre de audacia y dicen que debería ser enviada a los confines de la tierra por mi osadía”. Guarino Veronese respondió esta vez en un tono paternalista y condescendiente, pero severo, en el que aconsejaba a Isotta abandonar una profesión que no era adecuada para su sexo y se casara, pues, lo que pretendía sólo era posible creando “a un hombre dentro de la mujer” .



La actitud de Guarino Veronese dio rienda suelta a las críticas de otros intelectuales que hasta el momento habían tolerado la osadía de esa joven mujer, pues pensaban que su voluntad de estudiar era un capricho, no demasiado serio y que, tarde o temprano, se casaría, como había hecho su hermana Ginevra y se olvidaría de sus estudios. Como la propia Nogarola explicaba, toda la ciudad se burló de ella. No sólo los intelectuales, las mujeres también se pusieron en su contra. Como otras muchas mujeres sometidas persecuciones y desprecios semejantes a lo largo de la historia, Nogarola se sintió profunda e injustamente humillada. La única mujer que la apoyó fue la también humanista Costanza Varano, quien afirmó en una carta escrita que Nogarola no sólo había sobrepasado a las mujeres cultas de la antigüedad sino a los hombres cultos de su tiempo. Además, la instaba a ser valiente y no conformarse con ser una mujer religiosa tradicional sino a asumir un papel nuevo como intelectual. 

Desesperada, Isotta se disculpó por haber escrito esa carta a Guarino Veronese, se lamentó de que la fragilidad de su intelecto y la debilidad de su sexo le impidieran elogiarle debidamente, presentando excusas por su presunción y reconociendo que era un pecado de arrogancia. Pero el mal estaba hecho. El acoso continuó y, a pesar de su cambio de actitud, recibió las críticas y las acusaciones más crueles: fue acusada de incesto, promiscuidad e incluso de lesbianismo en base a la creencia de ninguna mujer elocuente es casta. El argumento era que puesto que había mostrado desde pequeña una tendencia tan antinatural para una mujer como el interés por los estudios humanísticos, por la filosofía, la retórica, por la escritura en latín, debía ser porque su naturaleza estaba violentada también en otros sentidos.


EL RETIRO 

Decidió volver a refugiarse en la villa familiar a las afueras de Verona, y se retiró de la vida pública y de la escritura y (...)  se convirtió en una devota religiosa (...) visto como una ocupación más adecuada para una mujer. Recibía pocas visitas y mantuvo alguna correspondencia con otros intelectuales, en particular, Ludovico Foscarini, un político veneciano. Él visitó su casa a menudo, participando en discusiones con otros miembros de la familia Nogarola, y su relación nunca fue romántica. Isotta recibió una propuesta de matrimonio en 1453, pero siguiendo el consejo de su amigo Foscarini, ella se negó. 

Tras diez años de silencio, vio la luz su obra más conocida, un diálogo en torno a la culpa de Adán y Eva en el pecado original titulado De pari aut impari Evae atque Adae peccato... contentio super Aureli Agustini sententiam videlict peccaverunt impari sexu sed pari fastu. Sus restantes obras son de argumento variado. En 1453 compuso la Oratio in laudem beati Hieronymi. Se trata de una hagiografía de San Jerónimo en la que Isotta elogia no sólo la figura santa sino también la intelectual. En 1459 escribió una carta al papa Pío II con ocasión de la convocación del Concilio de Mantua, instando al Papa a emprender la cruzada contra el infiel. Y en 1461, la Consolatio ad Marcellum (...) encargada por Jacopo Antonio Marcello.

En 1454, Isotta contrajo una enfermedad crónica que la acompañaría hasta su muerte. Vivió recluida en una
habitación con la única compañía de su madre, cuya muerte en 1461 dejó a su hija en una completa soledad. Cinco años después, a la edad de 48 años, Isotta Nogarola abandonó este mundo. 
Fuentes


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