Hands

dissabte, 5 de maig de 2012

El Club de las invisibles

POR MERCEDES ÚBEDA
  

Ser invisible es un privilegio que no todo el mundo tiene.  Lo es, sobre todo, cuando eliges serlo y eso lo usas para hacer lo que te da la gana. La cosa se complica cuando en la creencia de que eres visible para todo lo que te rodea, un buen  día comprendes que de eso nada.  Y es que a nadie le gusta descubrir que es ignorado y, lo que es peor, que a nadie le interesa lo que piensa, siente o dice. Quien me lea puede pensar que eso no sucede. Pero, créanme, sí pasa. Y mucho.

¿Quién te ignora?

Si quien te ignora, por presente que esté, te importa un comino,  puedes llegar a considerarlo hasta una ventaja. Pero si quien lo hace te importa o te interesa (que no es lo mismo), la cosa se pone fea. 

Imaginemos que tenemos un jefe que no nos ve. Lamentable situación si la invisible, que eres tu, tiene algún tipo de expectativa o inquietud.  Malo si crees que eres visible, porque salir de la frustración te va a costar lo tuyo. Puestos a consolarse, compensa considerar sólo los aspectos positivos de la situación. Lo mejor, apostar por un optimismo realista e ignorar también al que te ignora ciñéndote al marco de actuación que te imponen las circunstancias que, dicho sea de paso, no controlas tu.

Si quien te ignora, por presente que esté, te importa un comino,  puedes llegar a considerarlo hasta una ventaja. Pero si quien lo hace te importa o te interesa (que no es lo mismo), la cosa se pone fea.
De menor calado es que te ignoren los vecinos, por ejemplo. Es más, en alguna ocasión puede hasta llegar a ser una ventaja. De hecho, creo que lo es. Una distancia respetuosa y bien dispuesta a  ayudar ante una causa de fuerza mayor, creo que, en este tipo de relaciones es lo más adecuado.

La pareja

Compañero de vida e invisibilidad  son incompatibles. Al menos hasta donde llega mi saber. Pero se da. Hay verdaderos expertos en hacer sentir al otro que no existen.


Como somos muchos, hay reacciones de todo tipo. Pero en pareja ser invisible para el otro es tan triste que si no se deja la relación se corre el riesgo de morirse por dentro. Abandonarse a la nada de un vivir cansino, sin gracia y sin ilusión. Hay que huir urgentemente de semejante envoltorio.

La familia

El niño invisible para los que le rodean vive solo y con el corazón apagado. En su mundo. Por más juguetes que le compren o más lujos que le rodeen. Lo material no cuenta en este trance. En silencio se convierte  todo él en un baúl lleno de confusión y emociones traspapeladas. En un alma que no sabe dónde está.  En una especie de "caja negra" que guarda cuidadoso registro de todo lo que NO le pasa.  Sólo se abrirá, si llega a hacerlo, en la edad adulta. 

Pero tan malo es ser niño invisible como ser el centro absoluto de la atención de los mayores. Tienen el mismo efecto a la larga. No sé qué es peor. Equilibrio en cualquier caso. Es la mejor receta.


A los adolescentes les encanta que les dejen en paz y a los jóvenes lo mismo. Es una etapa en la que si pudieran hacerse invisibles, la mayoría estarían encantados. Después las cosas cambian. 

La vuelta al origen

La edad adulta nos lleva a las mismas necesidades emocionales que cuando éramos niños, pero peor.  Y estamos donde empezamos sólo que ahora ya  somos conscientes de lo que nos aflige. Como dije antes, ya no tenemos emociones traspapeladas.  Y nos revelamos ante la invisibilidad.  No queremos ser invisibles: queremos que nos quieran y ser perfectamente visibles en aquellos lugares donde nuestra decisión es serlo.

En definitiva, queremos que se haga nuestra voluntad.  Hasta aquí todo normal. Lo malo es cuando eso no sucede y aparece la frustración en formato mal genio, malos tratos a todos los que nos rodean y un mar de energía negativa para todo el mundo. Es malo para los demás y para uno mismo. Pues todo lo que va, vuelve. La píldora para serenarse se llama "aceptación" y se toma acompañada de un buen vaso de "aprender a pensar en positivo".   

Cuando el tratamiento queda integrado en la rutina de cada día, los efectos son espectaculares.
Fuente


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