Hands

divendres, 22 de juny del 2012

¡Quiero que te quiero!


La periodista Ana Pastor, @anapastor_tve, comparte esta preciosa entrada.
Ser madre te convierte casi desde el primer minuto en una mujer más frágil y vulnerable a la que le asoman miedos jamás conocidos. Pero al mismo tiempo te otorga una fuerza sobrehumana que te hace creer que eres capaz de cambiar el mundo al que a tu hijo le ha tocado llegar. Cada paso, cada decisión personal o profesional que tomas lo haces pensando en el futuro de tu hijo. Que pueda sentirse orgulloso, te repites. Tu actitud ante la vida en los pequeños detalles en los que tus hijos estén presentes determinarán esa imagen que se formen de ti. Por eso es tan importante la coherencia. Hacer y decir lo mismo. Aunque te equivoques. Y cuando lo hagas  tener la valentía de  dar la cara y pedir perdón.  Y ahí aparece también la dignidad. Mi madre escribe y habla con dificultad porque nunca pudo estudiar, pero podría darnos lecciones a cualquiera si hablamos de ciertos valores. Ella siempre tuvo claro que si aceptas hacer cosas por debajo de tu dignidad habrás perdido tu único patrimonio.  Es una de las batallas que no se debe perder.
Otra de las cosas que como madre me obsesiona es cómo hacerle consciente, sin hacerle sentir culpable, del privilegio que supone haber nacido en un país como España. Ha nacido en una democracia y en mayor o menor medida tiene sus necesidades resueltas. Pero eso no es lo normal para millones de personas, para millones de niños que son exactamente iguales que él y que sin embargo, morirán antes de llegar a los 5 años por haber nacido, por ejemplo, en Níger. Por eso, para mi es importante que nunca dé nada por hecho.  Que sepa que su privilegio es circunstancial, que quizá hoy puede repetir merienda porque otros hacen una comida al día, que tirar la comida no debería formar parte de nuestra cotidianidad, que está sano porque le ponemos vacunas …etc…Que valore todo ello como algo extraordinario. La cuestión no es hacerle sentir culpable pero sí conseguir que cuando tenga edad suficiente contribuya a cambiar las cosas. Quejarse sólo no es suficiente.
El relato anterior suena bien, pero después hay que ponerlo en práctica. Y ahí empieza lo difícil. Ser madre es el mayor desafío al que me he enfrentado.  Se funciona a base de prueba-error. Muchas veces te asaltan las dudas: ¿demasiado dura? ¿demasiado flexible? Caerse y levantarse. Quizá esa sea  la única clave que yo conozco: no rendirse.
Fuente

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