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dimarts, 22 de gener de 2013

Cuando las palabras hablan en femenino

La actriz Vicky Peña y la académica Inés Fernández-Ordóñez charlan sobre María Moliner


Una va a encarnarla en el teatro. Otra es filóloga, como ella. Ambas recuerdan con admiración la obra de la mujer que escribió, en solitario, el más completo diccionario de uso del español... mientras reflexionan sobre mujeres, cultura y tiempos difíciles. 
POR BEATRIZ GARCÍA / FOTOS: VALENTÍN VEGARA



María Moliner fue, en 1972, la primera mujer candidata a ocupar un puesto en la Real Academia Española. No lograrlo le supuso un gran alivio, según recordaba Gabriel García Márquez con motivo de su muerte, porque le aterraba pronunciar el discurso de admisión “¿Qué podía decir yo –la citaba el escritor– si en toda mi vida no he hecho más que coser calcetines?”. Juzguen su modestia: María Moliner fue filóloga, bibliotecaria, archivera, madre, esposa y también la mujer que escribió un diccionario de 3.000 páginas. El “Diccionario de uso del español María Moliner” le llevó 15 años de meticuloso trabajo en solitario. Para conversar en torno a su vida y al mérito de su obra, se reúnen la actriz Vicky Peña, que se meterá en su piel con “El diccionario”, a partir del 29 de noviembre sobre las tablas del Teatro de La Abadía (Madrid), e Inés Fernández-Ordóñez, filóloga igual que lo fue María, aunque ella sí ocupa un sillón en la Academia (el de la P mayúscula). Las dos tienen mucho en común: la pasión con la que se entregan al trabajo, el amor por la palabra, la nostalgia por los tiempos en los que la ventanas al mundo tenían forma de libro y no de pantalla táctil, la añoranza por la auténtica cultura... Madres, hijos, mujeres, tiempos de crisis... Las palabras vuelan ya sobre la mesa. 

Inés Fernández-Ordóñez. María Moliner simboliza a todas las mujeres que se formaron en la Institución Libre de Enseñanza y que intentaron renovar muchas cosas, sobre todo en el ámbito de la educación y la cultura. Representa a una generación de mujeres que trabajan, que estudian, que están comprometidas con su labor y que tienen la preocupación de llevar la cultura al pueblo. Hizo un gran trabajo con las bibliotecas populares en la década anterior a la guerra, a través de las misiones pedagógicas, con un informe sobre cómo deben estar organizadas las redes de bibliotecas rurales, cómo deben intercambiarse los libros para que todo el mundo tenga acceso a la cultura. Se empeñó en esta labor, igual que Jimena Menéndez Pidal o todas esas personas que se vieron abocadas a la depuración, a perder su trabajo o al exilio, quedando sus proyectos destruidos.

Vicky Peña. Desde luego, son una generación que merece una gran admiración. Aparte de su magna obra, por supuesto. A mí siempre me han gustado mucho los diccionarios. Recuerdo que en casa estaba la enciclopedia Espasa y el nombre que había en los tomos me fascinaba. Había uno que era Bel-Cozvijar,  tro, Ocran-Sanabu. Este me 
encantaba. Cuando era peque-ña cogía el Ocran-Sanabu a ver lo que había dentro. Leía la definición de las palabras y soñaba mundos, imaginaba conceptos... Pero tú, Inés, que eres capaz de apreciar la labor de organizar las palabras, de jerarquizarlas, de hacer categorías... eso debe de ser muy 
enriquecedor y muy bonito.

El caos
Inés. Los diccionarios son obras que llevan toda una vida y pensar que ella emprendió esa tarea cumplidos los 50, además sola, es impresionante. Vicky. Es admirable. Fue una trabajadora muy eficaz que fue relegada 18 puestos en el escalafón sin poder demostrar ningún cargo contra ella, porque fue una trabajadora de la cultura sin afiliación a ningún partido político. Esta trayectoria está esbozada en la obra, pero Manuel Calzada, el autor, ha buscado también un contraste dramático entre su pasión por poner orden en el caos, organizando un mundo de palabras, en contraste con los últimos años de su vida, cuando las perdió. “El diccionario” la sitúa en sus dos mundos: el familiar, como madre y esposa, y el académico de 
trabajadora infatigable, inconformista que nunca recibió el reconocimiento de un sillón en la Academia.


Inés. Yo creo que la obra tiene mucho que ver también con el drama del Alzheimer. Es una enfermedad terrible. Yo lo padecí con mi suegra: vi como iba perdiendo no solo los nombres y las palabras... Le encantaba cocinar pero fue olvidando todas las recetas y siempre hacía la misma comida que repetía una y otra vez. Hasta que también la olvidó. La obra tiene también esa dimensión, la de ponernos delante la tragedia del Alzheimer y cómo la padecieron personas con una cabeza extraordinaria, como la que tenía María Moliner.

Vicky. María Moliner no entró en la Academia, pero esto no significa que su trabajo no fuera agradecido. 
Inés. La publicación del diccionario fue un bombazo en su momento. Tuvo muchísima repercusión en la prensa y entre los escritores, no recibió el reconocimiento académico, pero sí el del público y de la gente de letras.
Vicky. Yo personalmente quedo satisfecha solo con el trabajo bien hecho. Siempre se agradece el aplauso, pero a veces resultan excesivos porque estás haciendo tu trabajo.

Inés. Comparto tu punto de vista. En el caso de un investigador, uno emprende un trabajo porque quiere saber más. Si te lo reconocen o no es indiferente; en ese momento, lo que te importa es llegar a saber lo 
que no sabes. Tiene algo de obsesivo, y también es muy vocacional. Indudablemente, a todo el mundo le gusta que le reconozcan su trabajo, pero lo que crea una trama cultural o investigadora en un país no son los primeros, sino también la existencia del segundo y del tercero. 
Vicky. Pero en el caso de la Academia de la Lengua, la desproporción entre hombres y mujeres es brutal...

Inés. En este momento, me parece que las mujeres representamos el 11%. Somos seis: Ana María Matute, Soledad Puértolas, Carmen Iglesias, Margarita Salas, Carme Riera y yo. El cambio  es lento porque son cargos vitalicios. Pero me consta que existe una voluntad de renovación. 
Vicky. Yo, sin ser feminista exacerbada, sí creo que las mujeres proponen otra dinámica. Una se da cuenta de que hay otro punto de vista cuando lee literatura  escrita por mujeres. También lo he visto en mesas en negociaciones; hay una manera distinta de ver las cosas y es muy enriquecedor, y necesario.
Inés. Por supuesto que lo es. De eso no tienes que convencerme. Pero tienes que pensar que las mujeres catedráticas en España no llegan al 15%, y menos en los consejos de administración. 
Es una lucha que se tiene que dar pasito a pasito... Es complicado mantenerte a un nivel de exigencia alta en trabajo y a la vez atender a tu familia. 
En mi caso, me quedé embarazada y sacaron una plaza a la que quería opositar seis meses después y la verdad es que fue una pesadilla. Siempre digo que recuerdo una década de mi vida como si no hubiera pasado, porque tenía tal cantidad de trabajo entre las niñas pequeñas y la universidad que 
no me di cuenta de que habían pasado diez años.
Vicky. Hay que hacer malabares con los horarios, con las horas de sueño con la energía... Yo me quedé embarazada haciendo teatro y haciendo teatro estuve hasta que la tripa no me dejaba. Toda mujer trabajadora tiene una papeleta complicada que resolver, pero en el caso de las actrices es muy complejo, porque cuando trabajamos en teatro es tarde o noche, pero a veces tienes una sesión de doblaje, de cine o de televisión y has de madrugar mucho. Eso cuando no te vas de gira, uno, dos o tres meses... No hay ningún modo en que te puedas organizar para llevarlos al colegio, darles la comida o la cena sin ayuda (...)

Fuente

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