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divendres, 11 de maig del 2012

Mujeres: ¿madres cuidadoras?



 AmecoPress/NEWS.- La crisis que nos afecta ha sido sobre todo definida en términos económicos, pero somos muchas las personas que nos planteamos que este hundimiento de lo económico va acompañado de una verdadera crisis de civilización, que abarca también lo relacionado con la sosteniblidad de la vida, tanto desde el punto de vista ecológico como del de la reproducción social.

La economía se concibe en nuestro sistema actual como aquellos procesos ligados a las actividades mercantiles, a lo productivo, a la obtención de beneficio económico, netamente antropocéntricos. Pero desde el punto de vista de la sosteniblidad de la vida, hemos de cambiar nuestro enfoque de lo económico para poner en el centro, ya no los mercados y el beneficio monetario, sino el bienestar de las personas y el cuidado de la vida.

Éste es el enfoque que se está elaborando desde las teorías de decrecimiento y desde la economía crítica feminista.
De esta nueva concepción de lo económico se desprende también una nueva concepción del trabajo, tradicionalmente entendido como empleo, o actividad por la que se recibe remuneración (ligada a la lógica mercantil); desde el replanteamiento que exponemos, el trabajo se concibe como todas las actividades ligadas al sostenimiento de la vida, incluidas las realizadas en los hogares, fundamentalmente por mujeres.
Se trata de las llamadas labores de cuidado, que abarcarían los trabajos objetivos como sostener la vivienda, encargarse de las compras, elaborar los alimentos, proveer el vestido, mantener la higiene… También trabajos subjetivos necesarios para la estabilidad emocional, la seguridad afectiva, la capacidad de relación y comunicación, las relaciones con las instituciones… Y además esa labor constante de “estar pendiente” de que todo funcione, que se relega a la esfera femenina.
Toda la ingente cantidad de horas de trabajo dedicadas a estas tareas, ha sido cuantificada por algunas economistas en más de 26 millones de puestos de trabajo a jornada completa en España.
Pero el tiempo invertido en este tipo de trabajos no responde a la lógica mercantil imperante de eficiencia y beneficio económico, sino que responde a unos ritmos, tiempos y valores distintos, que son los de la lógica de la vida. Quizá sea por ello por lo que el tiempo y la dedicación a los trabajos de cuidados siguen estando infravalorados e invisiblizados.
Una persona que accede a un trabajo remunerado, puede hacerlo gracias a que tiene detrás todas estas horas de trabajos destinados al cuidado de la vida; no ha de olvidarse que las empresas se benefician enormemente de que estos trabajos estén invisiblizados, para así recibir trabajadores listos para dedicarse al empleo en largas jornadas, sin otras obligaciones, y con sus necesidades de cuidados (en su sentido más amplio) cubiertas.
Puede afirmarse también que nuestro sistema económico se sostiene porque existe este injusto reparto del tiempo de trabajo, que hace que recaiga sobre las mujeres la labor de que “el conjunto encaje”. O dicho de otra forma, nuestra paz social, se logra gracias a la desigualdad.
No obstante, en nuestra lucha por la igualdad, las mujeres no perdemos de vista que no es viable que nosotras copiemos el modelo de trabajo masculino, pues alguien ha de ocuparse de las labores de cuidado. Por eso en lugar de hablar de igualdad, desde la economía crítica feminista se prefiere el término de “sosteniblidad de la vida”, y nuestra lucha sería por “el vivir bien” de mujeres y hombres. Un objetivo que desde este punto de vista, ya no es “cosa de mujeres”, sino que implicaría a todas las personas. Como decíamos al principio, la crisis a la que nos enfrentamos es una crisis de civilización y ética, que nos exige plantearnos los modelos de masculinidad y feminidad.
Estamos también ante una “crisis de los cuidados” o crisis de reproducción social, derivada de la crisis del Estado de Bienestar, con la creciente privatización y consiguiente precarización de los servicios sociales; una crisis en las que las mujeres salen a trabar fuera del hogar, pero nadie se ocupa de las tareas que hacían en él; crisis porque el envejecimiento de la población supone más tareas de cuidado que han de asumirse; porque el desarrollo urbano no ofrece suficientes espacios públicos en que desarrollar nuevas redes de apoyo y ayuda comunitaria; crisis porque las empresas no asumen responsablidades por un trabajo de cuidados del que se benefician gratuitamente (muy al contrario, aportan menos cotizaciones).
Ante ello, plateamos la necesidad de un debate político que incluya qué es calidad de vida, por qué es importante el decrecimiento, cuáles debieran ser realmente los criterios de austeridad. Planteamos que es imprescindible la visiblización de esta situación insostenible, que hay que reconocer que la vida supone interdependencia entre los seres, porque nos necesitamos unos a otros, y que es un mito esa “autonomía” que nos vende nuestro sistema socio-económico capitalista. Planteamos también que hay que revalorizar los trabajos de cuidado y que sólo quien cuida los valora, por lo que “no cuidar favorece la perpetuación del sistema capitalista”.
Planteamos que el conflicto capital-vida ha de enfocarse como conflicto colectivo y resolverse por toda la colectividad tejiendo todas las alianzas posibles.
Planteamos que hay que salir de la lógica del beneficio económico, aumentar el gasto social y reducir el trabajo no remunerado, e implicar a las empresas económicamente. Planteamos la necesidad de una redistribución global; redistribución de los recursos naturales, de los trabajos de cuidados, de los tiempos, los salarios… y un replanteamiento de qué trabajos son necesarios y cuáles se puede prescindir porque no responden a la lógica de la vida.
Hoy, que en la mayor parte de los hogares se celebra el día de la madre, queremos reconocer todo este mundo oculto de desarrollo de la vida humana, que queda relegado a lo doméstico, femenino e invisible y que permite que la vida se desarrolle. Pero afirmamos también que la maternidad, como los trabajos de cuidados, no son consustanciales a las mujeres, y que mujeres y hombres estamos sobradamente capacitados para hacer de este mundo un espacio habitable y justo.

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dimecres, 25 d’abril del 2012

Mujeres, víctimas de los recortes por partida doble



Grafico-poblacion


Por Cecilia Castaño

Más allá de decisiones individuales, la participación económica de las mujeres está determinada por dos elementos estructurales que son diferentes en cada país: el Estado de bienestar  –servicios públicos de educación, salud y asistencia social- y el régimen de género –el reparto de roles y responsabilidades laborales/familiares entre mujeres y hombres.
La incorporación masiva de las mujeres al empleo en los últimos 30 años se ha visto doblemente favorecida por la creación del Estado de bienestar español: las mujeres han encontrado empleo en los servicios públicos de educación, salud y asistencia social –como médicas y enfermeras, maestras, puericultoras, profesoras, etc.- y  al mismo tiempo esta oferta de servicios gratuitos ha aligerado la carga de responsabilidades familiares, facilitando la permanencia femenina en el puesto de trabajo.
Ante la cuestión de si los recientes recortes sociales pueden afectar más a las mujeres que a los hombres, la respuesta es afirmativa, porque el ahorro se lleva a cabo a través del aumento de horas de trabajo y la reducción del personal educativo, sanitario y de servicios sociales, abrumadoramente femenino.
Con datos de la Encuesta de Población Activa, para el 4º Trimestre de 2011 son casi dos millones de empleos y más del 23% del empleo femenino: 800.000 mujeres ocupadas en Educación (casi el 10% del empleo femenino) y más de un millón en Salud y Asistencia social  (8% y 5,2% del empleo femenino respectivamente). A los hombres les afectará menos, ya que en educación, salud y asistencia social son sólo 700.000 ocupados (7,5% del empleo masculino).

Más allá de estos efectos directos, también les afectará en términos indirectos, ya que la reducción de la oferta de servicios sociales hace más difícil la conciliación y, de esta manera, pone en peligro la permanencia en el empleo. Ello es así porque el régimen de género español todavía atribuye roles diferentes a los hombres –cuya responsabilidad primordial sería traer el sustento económico al hogar, aunque también quieran a sus hijos y se ocupen cada vez más de ellos- y a las mujeres –cuya primera responsabilidad sería cuidar de la familia y educar a los hijos, aunque también contribuyan al sustento económico con su empleo. En España la conciliación es todavía un asunto de mujeres y estamos bastante lejos de la corresponsabilidad. Un ejemplo: el Ministerio de Educación eliminó sin parpadear los planes de aumento de la oferta educativa hasta los 3 años, alegando que no era educación sino conciliación.
Otro efecto no menos importante está relacionado con la mentalidad desde la que se aplican los recortes. En el caso del Gobierno actual, los recortes se han visto precedidos – de manera un tanto extemporánea- por una híper reafirmación de la maternidad como elemento exclusivo en la definición de la identidad femenina. Lo malo es que la reforma laboral que se está discutiendo en el Parlamento no incluye medidas que garanticen que las mujeres embarazadas o ya madres no sean las primeras en ser descartadas –es decir, despedidas- aplicando cualquiera de las nuevas medidas de flexibilidad. De esta manera las mujeres se verán enfrentadas, de manera más dura si cabe que actualmente, al dilema entre maternidad y carrera profesional. Los efectos son negativos para ellas y para el crecimiento económico: que se reduzca la tasa de actividad femenina, que se reduzca, alternativamente, la fecundidad, o que se reduzcan las dos.
Pero con menos servicios de salud y asistencia social el problema no es solo la maternidad y el cuidado de los hijos. Hay otros momentos del curso de la vida no menos complicados para las mujeres. El alargamiento de la esperanza de vida, si no se proveen suficientes servicios de atención sanitaria y social, aumenta las cargas familiares, y de nuevo aquí el régimen de género perjudica a las mujeres. Si en Suecia una persona mayor se rompe la cadera, recibirá atención pública tanto hospitalaria como en el hogar; ante esta misma situación, en España, lo más probable es que alguna de las mujeres de su entorno –hija, nuera, hermana- tenga que dejar de trabajar para hacerse cargo de su cuidado. Todas las mujeres acabarán pasando por el momento de la generación sándwich: no solo cuidar de sus hijos, sino de sus padres al mismo tiempo.
Cecilia Castaño es catedrática de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid.
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dissabte, 31 de març del 2012

«Las mujeres nos ponemos trabas propias familiares y emocionales»


Presidenta de la Federación de Empresarias y Directivas de Asturias (FEDA). Busca renovar la entidad con la incorporación de más socias y la creación de planes formativos especializados
La empresaria Belén Fernández. ARMANDO ÁLVAREZLa empresaria Belén Fernández. ARMANDO ÁLVAREZ
La presidenta de la Federación de Empresarias y Directivas de Asturias (FEDA), Belén Fernández, presentó ante un centenar de hombres y mujeres la nueva imagen de FEDA, que busca dar visibilidad a la mujer en los puestos de dirección. (...) Ya son 132 mujeres, pero buscan ser más.
¿Cómo es la nueva FEDA? Es una Federación más dinámica, y moderna. Los valores siguen siendo los mismos, pero estamos construyendo una Federación que visibilice más a la mujer empresaria, directiva, y que apoye más a las chicas jóvenes que pueden ser predirectivas, o que puedan tener interés en el emprendimiento.
¿De qué forma se va a dinamizar? Con una formación muy específica para mujeres de alto nivel y cualificación, y vamos a interactuar con las grandes empresas y Pymes de Asturias y de fuera, para poner en valor a esas mujeres que forman parte del tejido productivo.
¿En qué consiste el nuevo plan estratégico? Estando en crisis es complicado definirlo y tenerlo cerrado, pero consiste en aglutinar a más mujeres en torno a la federación, impulsar y ayudar a las mujeres para que pierdan el miedo a emprender y participar en la vida empresarial asturiana, y que conozcan experiencias de otros lugares para que les sirvan de referente.
Además, van a rubricar un acuerdo con el Ayuntamiento de Gijón.
Es un acuerdo de colaboración, de hecho Gijón es la ciudad de referencia para FEDA. Las líneas del acuerdo aún esán por definir, ya que aún no está firmado.
¿Con qué obstáculos se encuentra la mujer para acceder a posiciones directivas? Los obstáculos de la visibilidad, que son totalmente sutiles, que forman parte de la cultura de nuestro entorno y que hacen que las mujeres no estén en la primera línea. Es un problema cultural y cuesta trabajo cambiar estas ideas.
¿Cómo se pueden hacer esos cambios desde su posición? Queremos que vengan hombres a nuestras charlas porque a veces las cosas no se cambian porque desconocen que se tienen que cambiar.
¿Hay mucho machismo en el mundo empresarial? Es un problema social, no un problema de empresas.
¿Y por qué crear una federación a parte de FADE? Creemos que por el hecho de ser mujeres tenemos dificultades diferentes a las de los hombres y queremos ponerlas en común.
A nivel legislativo, ¿qué se podría hacer? A nivel legislativo está todo hecho. La Ley de Igualdad es de las más avanzadas. El problema es que hay que llevarla a cabo y cambiar mentalidades. Es un problema intrínseco de la sociedad, no legal.
El mayor porcentaje de universitarios son mujeres y, sin embargo, sólo un 10% acceden a puestos de dirección. ¿La mujer tiene más trabas? Sí, y nos ponemos trabas a nosotras mismas: familiares, sociales, emocionales, del entorno, culturales, y ahí tenemos nosotras que hacer ese trabajo porque nadie lo puede hacer por nosotras.
¿Es aún una hipótesis la conciliación de la vida familiar y laboral? Quremos conciliar, pero nos cuesta trabajo ser corresponsables. Necesitamos que se corresponsabilicen con nosotras, nosotras ya conciliamos durante muchos años. Cada vez hay más hombres que, por suerte, tienen asumida esa corresponsabilidad.
¿La mujer teme llegar a puestos profesionales elevados por el temor a descuidar parte de su vida personal? Sí, es un problema de la educación que recibimos y que emocionalmente somos diferentes. Tenemos que buscar soluciones a esas diferencias emocionales y personales.
¿Está a favor de las cuotas? No nos hemos definido. Creo que hay mucho trabajo por hacer. En Alemania e Islandia se están planteado cuotas. Cuando los países grandes y avanzados lo hacen, hay que pensar que algo no funciona. La solución está en que se avance de forma natural, pero si ese avance cuesta había que imponer las cuotas.
¿Qué piensa de la reforma laboral? Algo había que hacer, y que regular. Con todo, no creo que haya peligro de que se den despidos masivos.

Fuente

dilluns, 27 de febrer del 2012

¿Conciliación? No, ¡gracias!


POR TERESA PASCUAL OGUETA
Teresa Pascual Ogueta, es Ingeniero Superior de Telecomunicación y  experta en implantación de nuevas tecnologías en la empresa. Conferencista y autora de varias publicaciones se especializa en el análisis crítico de las noticias.


Parece muy radical ¿no? Ya veréis, no tiene desperdicio. Es cierto que hemos conseguido muchos logros pero no han sido gratuitos: trabajo fuera y dentro de casa, mayor peso en la "intendencia" de la casa,  "privilegio" a la hora de cuidar a los niños y enfermos de la familia...
                               ¿Qué os puedo contar que no sepáis? 
Por eso es necesario continuar para que la igualdad no sea ficticia sino real  en todos los aspectos. No es ninguna lucha. Es sano "desaprender" para que  hombres y mujeres transformemos  los antiguos roles por conductas más acordes con nuestros tiempos y que nos hagan sentir más felices y realizados a ambos.

¡Disfrutad!



¿Conciliación? No, ¡gracias!

Conciliación es la palabra de moda y suena muy bien, pero tiene truco. Conciliación o "Trabajar para vivir y no vivir para trabajar". Eso, claro,  no excluye  los matices, las excepciones de cada uno, las propias querencias, los deseos y las pasiones para que cada cual se dedique a lo que más le interese. La libertad de elección. Pero ya sabemos que la libertad propia termina donde comienza la de los demás. Nadie debería vivir sus sueños a costa de los sueños de otros.

Los estereotipos

Primero habría que deshacer un tópico. Se ignora que las mujeres han trabajado desde siempre. Quienes no han trabajado, ni lo hacen, son determinadas capas de la sociedad, hombres y mujeres, que han podido y pueden vivir sin gran esfuerzo. Son una minoría. Dicho esto, el trabajo que se hacía en  las casas ha cambiado en muchos aspectos, como también lo ha hecho el del resto de los entornos de trabajo. Los avances tecnológicos han tenido como consecuencia una mayor facilidad en la realización de determinadas quehaceres. En cambio, a diferencia de lo ocurrido en otros ámbitos, en el entorno doméstico se siguen todavía pautas de reparto de tareas heredadas de otros momentos económicos y sociales.

Lo llaman conciliación pero no lo es
Una buena amiga mía lo expresaba muy bien. "Como otras muchas mujeres de mi generación, debo a mi madre que me abriera los ojos, que me diera confianza y me convenciera de lo que es evidente: que las mujeres tenemos las mismas capacidades que tienen los hombres y podemos aspirar a alcanzar lo que deseemos, pero cometió un fallo que nunca le agradeceré bastante. Me dijo que nosotras teníamos que hacer doble trabajo porque el doméstico era exclusivamente nuestro. Con quince años no se admiten componendas ante las injusticias y me negué en rotundo a aceptarlo. Nunca entendí que mi hermano descansara mientras yo ayudaba. Nunca acepté que las tareas caseras y el cuidado de los hijos comunes fueran de  mi exclusiva  responsabilidad. Por eso me cuesta creer  que, tantos años después, se proponga como un progreso social que la mitad de la población realice doble trabajo que la otra mitad."
Parece que la costumbre y lo que vemos desde que nacemos conforma nuestras ideas. "A mí no me han enseñado"  se oye a modo de justificación. Como si no hubiéramos aprendido por nuestra cuenta todo lo que nos ha interesado, como si no hubiéramos cambiado tantas cosas que vimos desde siempre como inmutables.

¿Conciliación para quién?

Si se legisla sólo para que una parte de la población concilie, se produce, quizá sin pretenderlo, un retroceso. Si la ley permite ciertas "ventajas" a las mujeres para el cuidado de la familia, se producen efectos indeseados:
    1º Las empresas no contratarán mujeres porque la sola posibilidad de que puedan hacer uso de esos derechos, las descarta.
    2º Se discrimina a los hombres que quieren compartir  sus responsabilidades.
    3º Muchas mujeres se verían obligadas a asumir en exclusiva un cometido que no desean porque sólo a ellas les permite la ley esas "ventajas".
    La obsesión por promover la natalidad está provocando la vuelta a actitudes ante las mujeres que parecían olvidadas. Sorprendentemente, se ignora en lo que se dice o legisla que los hijos son cosa de dos.

Conciliemos, pero todos

Conciliemos todos. Los solteros y los emparejados, los que tienen hijos y los que no. Y cuando haya responsabilidades comunes: compartamos.
Pensándolo con frialdad ¿por qué las mujeres tienen obligatoriamente que fregar, barrer, planchar, ...? ¿Qué tiene que ver eso con su inteligencia o su capacidad de engendrar? Porque engendrar es una capacidad, no lo olvidemos.