Hands

diumenge, 10 de març del 2013


                                   Usuarias en la sala de lectura de la Biblioteca Nacional. / CARLOS MONTES (BNE)
Hay que tener una gran confianza para sentarse a un escritorio y, en 20 líneas, pedir la luna. Lo nimio —un agente subversivo, bien usado— está minusvalorado. En 1955 Rosa Parks, con su empecinamiento rebelde para no levantarse de su asiento en un autobús de Alabama,dinamitó la segregación racial en Estados Unidos. Un siglo antes, con su carta de 20 líneas, Antonia Gutiérrez Bueno, cuyo nombre nadie recuerda hoy, sepultó para siempre la discriminación de género que laBiblioteca Nacional (BNE) arrastraba desde su fundación en 1713.
Hay que tener mucha seguridad para resistir las coacciones sin levantarse del asiento o para, una mañana o una tarde de enero de 1837, sentarse a escribir al ministro de la Gobernación para reclamar un imposible. Es bien probable que Antonia Gutiérrez Bueno creyese que si no estiraba la mano no tocaría la luna. Porque eso era entonces la Biblioteca Real, un lugar tan inaccesible para las mujeres como la luna, con la pequeña salvedad de días festivos, cuando las damas podían recorrerla en lo que equivaldría a una visita guiada de la época. Se mira, pero no se toca.
Cuando se sentó a escribir su carta, Antonia Gutiérrez (Madrid, 1781-1874) tenía 56 años, un hijo diplomático y dos obras impresas. En 1835 había publicado el primer volumen de un Diccionario histórico y biográfico de mugeres (sic) célebres y antes, en 1832, un librito con artículos que ella había traducido del francés sobre “el cólera-morbo”, donde entre otros tratamientos ensayados en Francia figuraban algunos tan poco delicados como la aplicación de sanguijuelas en el ano. Ambos libros delatan aspectos de su autora: la ambición intelectual y el interés por la salud pública, sin duda un tanto extravagantes a ojos de otras mujeres decimonónicas. Había vivido en París —quizás el Nueva York de la época— hasta la muerte de su marido, Antonio Arnau, y había crecido en una casa con libros, diccionarios y gramáticas en distintas lenguas, tratados científicos y piano. Antonia fue la tercera hija de Mariana Ahoiz y Navarro y Pedro Gutiérrez Bueno, un ilustrado que acabaría siendo boticario mayor del rey y que acostumbró a sus hijas a pensar más allá de los muros domésticos.
“El padre fue un importante hombre de ciencia y Antonia tuvo acceso a una formación no habitual”, señala Gema Hernández, jefa del Museo de la BNE y rastreadora de las huellas de la primera investigadora que puso sus pies en la institución. “Fue amigo de Moratín, que le llamaba Petrus Bonus y que apodó Toinette a Antonia”, añade.
Gema Hernández sospecha —aunque ya nunca podrá confirmar o desmentir su hipótesis— que Antonia Gutiérrez utilizó el Diccionariocomo “excusa” para lograr que le franqueasen la puerta de la biblioteca. Lo cierto es que nunca publicaría los siguientes volúmenes de aquella obra, que firmó con el seudónimo masculino de Eugenio Ortazán y Brunet y que dedicó “al bello sexo”. Como correspondía a un perfecto caballero.
'Diccionario histórico y biográfico de mugeres célebres', de Antonia Gutiérrez Bueno. / BNE
“Siéndole difícil y aun imposible, a causa de sus circunstancias, procurarse los libros que necesita para continuar su obra, la que va recibiendo bastante aceptación del público”, solicitaba la escritora en la carta de 1837 al ministro, “un permiso para concurrir a la Biblioteca Nacional”. La celeridad de la respuesta a su petición no deja de sorprender. Un mes después se había cambiado la historia, tal vez propiciada por la inusual circunstancia de que España estaba gobernada por otra mujer, la reina regente María Cristina, quien ordenó que le autorizasen la entrada y la consulta de libros. A ella y a todas las mujeres deseosas de acceder a un espacio donde, entonces, se custodiaba todo el conocimiento del mundo. “Esta mitad del pueblo tiene todavía en España conventos donde encerrarse y no bibliotecas donde instruirse”, censuró a propósito del veto machista un consejero de la reina, al tiempo que animaba a María Cristina a desterrar “ese precepto bárbaro” y abrir todas las bibliotecas públicas a las mujeres. Y fue entonces cuando el director de la Biblioteca Real, José María Patiño, que había canalizado sin remilgos la petición de Antonia Gutiérrez, se encogió con desagrado y contraatacó con un escrito, dirigido al secretario de Estado de la Gobernación, repleto de pegas (la sala no resultaría suficiente “si llegasen a exceder del número de cinco o seis las mujeres que pretendiesen aprovecharse de este beneficio”) y reproches (en el último año no había recibido “un solo maravedí”).
Una sala de mujeres dispararía los gastos de mobiliario y personal: “Sería preciso comprar mesas, un brasero, escribanías y lo necesario para que las señoras concurrentes estuviesen con la decencia que corresponde”. En definitiva, pide al secretario que “incline el real ánimo de Su Majestad” para que limite la autorización a la solicitante o bien que dote la medida de presupuesto. A la reina no debió gustarle el tono, porque en el siguiente despacho reiteró que admitiesen cuantas mujeres lo solicitasen, “y en el caso de que afortunadamente el número de estas exceda de cinco o seis, lo haga usted presente, manifestando el aumento de gasto que sea indispensable”.
En el expediente que se conserva en el archivo de la biblioteca no figura el histórico día en que Antonia entró finalmente en una biblioteca donde antes que ella había ingresado su obra, se sentó en una sala separada de los lectores masculinos y reclamó todos aquellos libros que siempre había deseado consultar. Después de esa fecha no publicó más que artículos, algunos en defensa del derecho a la educación de las mujeres. Derribó un muro, tocó la luna. En el futuro lo harían otras, como Ángela García Rivas, que hace un siglo se convirtió en la primera bibliotecaria de una casa que aún debió esperar hasta 1990 para ser dirigida por una mujer, Alicia Girón
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dissabte, 2 de març del 2013

Natalie Nougayrède, elegida primera directora de ‘Le Monde’



La periodista afirma que su único credo será mantener “la calidad y la independencia del diario”


Elegante y tímida como un gato. De 46 años. Reportera de Le Monde desde 1996, y antes de Libération. Ganadora del premio Albert Londres en 2005 por sus reportajes sobre Chechenia. Excorresponsal en Moscú y hasta hoy corresponsal diplomática. Ni siquiera sus compañeros de redacción saben decir mucho más sobre Natalie Nougayrède, la nueva directora de Le Monde, que fue elegida este viernes en asamblea por el 79% de los 370 periodistas del mítico vespertino parisiense fundado en 1944.

Nougayrède será la primera mujer que dirige las tres redacciones (digital, papel y suplementos) de Le Monde, en cuyo accionariado también figura PRISA, grupo editor de EL PAÍS. Y sucede en el cargo a Erik Izraelewicz, otro brillante y misterioso periodista, fallecido en la redacción a causa de un infarto fulminante el 27 de noviembre pasado.

La elegida era la única mujer entre los cuatro candidatos que se sometieron hace un mes al filtro de los accionistas principales del diario, Pierre Bergé, Xavier Niel y Matthieu Pigasse. “Asumo ese efecto sorpresa”, dijo Nougayrède poco después de ser avalada por la troika que lleva las riendas financieras y de que esta la propusiera como única aspirante a la todopoderosa Sociedad de Redactores de Le Monde, que tiene la potestad de vetar el nombramiento del director si este no alcanza el 60% de sufragios positivos.

La elección de Nougayrède era esperada, aunque no pocos compañeros recibieron con sorpresa su pretensión. Unos aludían a su inexperiencia en puestos directivos; otros a su carácter, que una redactora define como “solitario” y otro como “hermético”. Pero estos factores parecen haber contado menos que su perfil de periodista de raza, conocida por dar a sus crónicas un tono de libertad e independencia nada sumiso con el poder.

Otro elemento crucial, explican fuentes de la redacción, es la incertidumbre que hubiera supuesto un voto negativo, ya que eso habría reabierto el complejo proceso electoral. Nougayrède presentó su proyecto a la Redacción hace unos días, y el examen fue cualquier cosa menos tranquilo. Las preguntas más críticas incidieron en su decisión de ponerse al frente de “un paquebote” cuando nunca había dirigido “a tres personas”; en su visión de la web, juzgada por algunos como refractaria (“tu conversión digital data del día de tu candidatura”, dijo alguien), y en su capacidad para soportar las presiones de los accionistas.

La aspirante respondió que defenderá a la redacción “con toda la fibra de periodista”, y negó ser “una ingenua” y a la vez tener una “desconfianza contraproducente” hacia los accionistas. “Mi único credo será mantener la calidad y la independencia de Le Monde”, remachó.

Su adjunto será Vincent Giret, actual ‘número dos’ de Libération y exdirector de la redacción de la televisión France24. Especializado en Internet y gestión de equipos, figuraba como adjunto en las listas de dos de los aspirantes rechazados por el consejo, Alain Faujas y Frank Nouchi. El cuarto en liza era Arnaud Leparmentier, excorresponsal en el Elíseo y Bruselas, que según fuentes del diario fue descartado por “demasiado derechista”.

Nougayrède ha sido nombrada para seis años, y afrontará retos comunes a la prensa de calidad y otros específicos de Francia y del diario. Deberá completar la reconversión digital iniciada por su antecesor; convertir el aumento de lectores en la red en nuevos ingresos, y luchar contra la caída de ventas y publicidad de la edición en papel y contra las habituales huelgas de la empresa de distribución.

Su histórico nombramiento –hoy es la segunda mujer al frente de un periódico francés, con la responsable del católico La Croix- no ha frenado los clichés machistas. La nueva patrona del vespertino ha sido bautizada como “la embajadora del charme de la marca Le Monde”

dijous, 28 de febrer del 2013

Cassandras contemporáneas



A continuación publicamos un artículo de Sara Berbel en el que reflexiona sobre el papel de las mujeres en el cine en amplio espectro, desde la situación de la dirección, la conciliación o el rol en los contenidos. La autora acaba de publicar “Directivas y empresarias. Mujeres rompiendo el techo de cristal” por la editorial Aresta, que se presentará el próximo 14 de marzo en Barcelona

Febrero está resultando un mes cinematográfico también para las mujeres. Por primera vez, diversos colectivos internacionales de creadoras se han reunido en la 63º edición de La Berlinale para analizar su papel en la industria y reivindicar su presencia. Los diarios, en el marco de esta noticia, se han aventurado a explorar el rol de las mujeres también en los contenidos de los filmes, y hemos podido leer artículos interesantes y más profundos de lo habitual. En La Vanguardia (30-1-2013), el profesor Jordi Balló se pregunta sobre las nuevas heroínas en las películas y series de culto, así como por sus dificultades para romper el techo de cristal. En el semanario La Directa (22-2-2013), Víctor Alonso alude al test de Bechdel (el test de las mujeres invisibles, lo llama) haciendo un interesante repaso de las mujeres que aparecen en algunas de las películas más premiadas del momento.

Hoy, todavía con la resaca de los Óscars, es más pertinente que nunca preguntarnos por las tres cuestiones que señala el test de Bechdel: ¿Aparecen dos mujeres en las películas premiadas con nombre propio? Hablan entre sí las dos mujeres? ¿Conversan sobre algún tema que no sea un hombre?. Nos tememos que casi ninguna de las películas premiadas aprueba el test.

Es cierto, sin embargo, que poco a poco las situaciones y roles de las protagonistas cambian y encontramos mujeres de gran valía en series como Homeland o incluso en la película “La noche más oscura”, ambas en el entorno de la CIA, en donde su profesionalidad e inteligencia acaban triunfando. No obstante, el precio que pagan es el mismo que el de todas las mujeres que alcanzan puestos de dirección o se acercan a lugares de poder: es decir, no logran compatibilizarlos con la vida privada y al final ésta acaba sucumbiendo. “Parece que para que una mujer triunfe en su trabajo no puede tener amigos, amantes, no puede tener vida social y no puede divertirse. A un director de cine no le llaman como a mi durante un rodaje en una plataforma petrolera para pedir el teléfono del técnico de la lavadora” se lamenta irónicamente Isabel Coixet (El País, 30-1-2013). Por otra parte, los obstáculos del invisible techo de cristal se muestran nítidamente cuando observamos la enorme tenacidad de nuestras heroínas, la dificultad de ser reconocidas, la desesperación por no ser escuchadas ni comprendidas, cual Cassandras contemporáneas, la ansiedad por su soledad en espacios fundamentalmente masculinos.
Tal vez la situación cambie cuando la paridad llegue también a la dirección cinematográfica. Sólo 9 de las 172 películas producidas en 2007 fueron dirigidas por mujeres en España (un escaso 5’2%) según un estudio de la Universidad de Sevilla, y sólo un 12% de mujeres ocupan puestos en los consejos de administración de las grandes empresas de nuestro país. Como afirma la directora Iciar Bollaín, la invisibilidad femenina supone “la marginación de la experiencia vital de la mitad de la población de este planeta”. (El País, 30-1-2013) ¿Puede nuestra sociedad permitirse tal despilfarro de talento?
Sara Berbel es Doctora en Psicología Social por la Universidad de Barcelona y licenciada en Filosofía y Letras (Psicología) por la Universidad Autónoma de Barcelona. En la actualidad compagina su trabajo en la administración pública con la docencia universitaria de tercer ciclo.

dissabte, 9 de febrer del 2013

"Necesitamos muchas más ecofeministas"

Noticia publicada por C. Jiménez en el diario "La Nueva España" el 8 de febrero de 2013; fotografía de Ángel González

La doctora Carme Valls-Llobet (Barcelona, 1945), médica internista y endocrinóloga, se indigna ante la invisibilidad de las mujeres. "He sido tozuda, rebelde e incisiva al ver cómo en algunos ámbitos se les consideraba hombres en pequeño", afirma. Por eso, siempre que tiene oportunidad, se suma a cuantas propuestas realizan desde la Tertulia Feminisa les Comadres, "que están haciendo un trabajo muy interesante; tienen un toque divertido, son rebeldes pero también rigurosas y son capaces de llegar a un público variado porque no son nada sectarias".
Esas mujeres a las que admira la doctora Valls le otorgaron ayer el premio "Comadre de Oro", "por ser pionera en nuestro país en la investigación y la publicación de libros y artículos especializados sobre la salud de las mujeres con perspectiva de género", pero también porque, "gracias a ella, aprendimos lo que significa hacer ciencia de la salud a contracorriente, no rendirse nunca, trabajar en red, comunicar hipótesis, conclusiones, vías de trabajo, transmitir nuevas certezas, combatir estereotipos y abrir siempre caminos para mejorar la calidad de vida de las mujeres". La protagonista reconoce que es un premimo que le gusta porque es a una trayectoria y aprecia que desde Asturias ha existido mucha colaboración con los programas que enfocan la salud desde una perspectiva de género.
Su receta para las mujeres de Gijón "y de todo el mundo" pasa por consumir productos ecológicos y "volver a comer lo más natural posible", porque uno de los principales males del siglo XXI es la salud ambiental, un aspecto en el que está ahora volcada en sus investigaciones. "En la sociedad industrial cada vez hay más cánceres por introducir productos derivados de la gasolina", sostiene la "Comadre de Oro" 2013, quien advierte que las mayores consecuencias atacan al sexo femenino. De ahí que, tras definirse como "ecologista de las personas", instara a las mujeres de Gijón a volverse "ecofeministas, pues necesitamos muchas más; los factores de riesgo ambiental han crecido mucho en los últimos años". Su último mensaje fue instando a mantener "una lucha activa" para evitar cualquier discriminación.
Pasada la fiesta, "Les Comadres" tienen previsto hacer llegar al minismtro de Educación, José Ignacio Wert, el "Felpeyu" 2013, que le ha sido concedido "por impulsar una ley de Educación contraria a la igualdad de género, que defiende la educación segregada e impone una mayor presencia de las posiciones retrógradas, misóginas y patriarcales del catolicismo". A los "felpeyos" nunca se les invita porque la cita está planteada para "agasajar a una comadre".
Fuente
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divendres, 8 de febrer del 2013

Emprendedoras

Toman las riendas sin reparo y asumen con valentía y energía sus proyectos de empresa y vida. Demuestran cada día que el éxito no es cuestión de sexos pero que el modo de afrontar el asunto si se diferencia de hombres a mujeres. Este capítulo juega un papel determinante en el libro pues encarga a todo el género femenino que asuma el nuevo rol de liderazgo social, económico y cultural que ya no puede postergar por más tiempo.

Cuando le preguntas a un emprendedor, hombre o mujer, los motivos del porqué emprende, las respuestas son, según el informe GEM, redondeando los porcentajes, en un 75% por oportunidad, entendiendo “oportunidad” como obtener una mayor independencia, aumentar o mantener los ingresos o para poder desarrollar un proyecto, y en menor proporción por tener una empresa familiar.

La otra motivación, un 15%, es la necesidad. Nos queda un 10% de emprendedores, que aducen “otros motivos principales” para emprender. Dentro de estos “otros motivos”, dividido por sexos, vemos que un 65% son mujeres, mayormente concentradas en las Comunidades de Cataluña, Andalucía, la Comunidad Valenciana y Madrid, de negocios y sectores muy variados, destacando algo el sector hostelero y el comercio. Por desgracia todavía, la mujer debe buscar un factor de facilidad para conciliar la vida personal y familiar por encima de lo que lo hace el hombre.

Las mujeres ganan menos que los hombres. En puestos directivos, la diferencia es de un 15% para el mismo puesto y la misma formación. Las mujeres con estudios superiores abandonan más el mercado laboral que los hombres, con lo que hay una evidente pérdida de talento. Esto crea sentimiento de frustración e injusticia que es muy perjudicial para la sociedad pues está desestimando el valor de todo un cuerpo social imprescindible.

Otro factor determinante en el mercado empresarial de nuestro país que determinará definitivamente el impulso emprendedor de las mujeres es el llamado “techo de cristal”, o superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, difícil de traspasar, que les impide seguir avanzando. Su carácter de invisibilidad viene dado por el hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni códigos visibles que impongan a las mujeres semejante limitación, sino que está construido sobre la base de otros rasgos que por su invisibilidad son difíciles de detectar. Obviamente este elemento genera un sentimiento de frustración e injusticia que se suma a la pervivencia del sistema patriarcal mal entendido.

Otro de los hechos que establecen un estímulo a la emprendeduría femenina por reacción es que, la cultura empresarial predominante y vigente propugna que para llegar a ser alguien en la empresa hay que hacer una cesión completa de la vida personal ya que si no se hace no se tiene en cuenta a esa persona. Esta forma de gestión de los recursos humanos responde a ese prototipo masculino y a una sociedad basada en la división sexual del trabajo. También responde a un modelo basado en la generación de dinero y no de riqueza. Cuando un emprendedor sólo piensa en el dinero y no en la riqueza suele acumular números para el fracaso. Las mujeres han superado de origen ese asunto.

Finalmente, entre los elementos que determinan la perdida de potencia en la emprendeduría femenina que puede lastrar el futuro de este país, está el factor crisis. La crisis ha afectado tanto a hombres como a mujeres, pero la participación en actividades emprendedoras ha disminuido en un 22,1% en el primer caso y en un 35% en el segundo. En el año 2008 las diferencias entre ambos sexos en cuanto a participación en el conjunto de la actividad emprendedora se habían reducido notablemente y permitía ser optimistas en cuanto a una equiparación entre emprendedores y emprendedoras. Esta claro no que es así y que la emprendedora femenina sigue siendo mucho más frágil que el emprendedor hombre, y que como consiguiente aún falta mucho para lograr la igualdad. La sociedad debe esforzarse en ello si quiere enriquecerse de ello, lo mismo que la administración impulsar esa igualdad sin la “discriminación positiva” como único método, más contraproducente y enquistador de problemas que como valor.

Y es que, a medida que se las aparta de los espacios de decisión, que son, mal nos pese a muchos, tradicionalmente masculinos, la mujer crea los suyos propios, con modelos distintos. El autoempleo, la creación de una empresa propia, son modos de superar las dificultades con las que se enfrentan muchas mujeres en España y en el resto del mundo.

Si miramos fuera de nuestras fronteras veremos que el ratio de emprendedores/as depende de muchos factores. En países con economías poco desarrolladas, como en Uganda, Tonga o Guatemala, la tasa de emprendedoras es superior a la de los hombres. En muchos países de sur América el gap de género es imperceptible (aquí entraríamos en la polémica de si consideramos emprendedoras a todas las mujeres de Bolivia, Perú o Ecuador que dejan sus países de origen, marido e hijos, para ir a España a trabajar, generalmente en el servicio doméstico); en otros países, sobretodo en Oriente Medio, a la mujer le es imposible emprender por una cuestión cultural-religiosa. En los países con economías menos desarrolladas suele ser más abundante el negocio femenino relacionado con el sector primario, la manufactura y el comercio, y en los desarrollados la diversidad es mayor y la innovación, en el sentido amplio de la palabra, está mucho más presente. Si nos comparamos con nuestros vecinos de la UE España se sitúa en una posición favorable, por encima de Italia, Francia, Dinamarca, Bélgica o Eslovenia. En Europa los países donde el espacio vacío de género es menor son Alemania, Suiza y Finlandia.

¿Pero son iguales las tendencias emprendedoras femeninas? Obviamente no. La actividad emprendedora femenina es, por término medio, menos ambiciosa que la masculina, opera poco en sectores tecnológicos y se concentra en actividades orientadas al consumo (en un 71% v un 42% de los hombres), i es prácticamente nula en el sector primario e industrial. En el sector en que están prácticamente igualados los dos sexos en porcentajes es en el de servicios a otras empresas (15% hombres y 11,4% mujeres). Las emprendedoras son innovadoras, pero no aportan este componente en muchos sectores en que operan hombres de forma muy mayoritaria y proporcionalmente son más generadoras de empleo que los hombres, pero su aportación global es muy escasa comparada con la que proporcionan los hombres porque, de nuevo, la dimensión de sus iniciativas y el tipo de sector tienen un impacto mucho menor que el gestionado por los hombres en el conjunto de la economía.

Emprendedores y emprendedoras se igualan en el autoempleo, que ronda una tasa del 22%. Desde un punto de vista ideal, la crisis debería de transformarse en una oportunidad para cambiar el rumbo del emprendimiento femenino, especialmente, fomentando la concienciación de futuras licenciadas en la creación de empresas, en sectores que hasta la fecha han sido mucho más desarrollados por hombres. Así, se echan de menos ingenierías, informática, productos de base tecnológica, electrónicos, energéticos e industriales en general, promovidos por mujeres o por equipos mixtos, cuando el conocimiento necesario para ello está completamente al alcance de una población femenina joven cuya presencia en las universidades es mayoritaria en estos momentos.

En un escenario de crisis se pone en evidencia la mayor debilidad de la actividad femenina, a pesar de la resistencia inicial frente a la recesión. Factores como la financiación, sector, dimensión de las iniciativas y muchos más subyacen tras este fenómeno y son bastante comunes en todos los países de la zona. Parece ser que la mujer, con la crisis, se ha vuelto más conservadora, y no se embarca en proyectos más ambiciosos, a la vez que abandona menos sus negocios y proyectos, en comparación con el hombre.

El prototipo de la mujer emprendedora española tiene entre 30 y 50 años, es de clase media o media alta y tiene estudios medios o superiores. El 70% de ellas está casada y tiene una media cercana a los dos hijos. Respecto al nivel educativo, mujeres y hombres alcanzan cifras similares en la tasa formación superior (27% en hombre y 26% en mujeres). Y en cuanto al nivel de renta, cabe reseñar que en el tramo de renta alta los hombres presentan un porcentaje ligeramente superior (44% frente a 35% de las mujeres), situación que se invierte para los niveles de renta baja. Esto puede reflejar que cuanto menor sea la necesidad económica de la mujer, menores son las probabilidades de que recurra al autoempleo. Entre las emprendedoras hay un mayor porcentaje de mujeres extranjeras en comparación con los emprendedores.

La mujer que se pone al frente de un negocio propio y se la juega en España tiene muy marcada necesidad de obtener resultados, un alto grado de responsabilidad, prefiere utilizar sus propios recursos y asume riesgos moderados. La emprendedora confía en conseguir un resultado y se propone en general objetivos que cree que puede y tiene las capacidades y habilidades para alcanzarlos. Suele ser una persona que desarrolla una enorme actividad, ya que si la tiene, se ocupa de la logística familiar. Posee la habilidad de organizar y de innovar, sobretodo para mejorar un producto o servicio existente, o de crear uno nuevo. Suele ser más tolerante, adaptable y persevera. Las emprendedoras son capaces de definir sus objetivos, saben definir el camino para conseguir estos objetivos y se proponen objetivos realistas. Independientemente del género, los emprendedores deben ser esa punta de lanza que impulse el despertar de una sociedad, pero la mujer, lo hace con un planteamiento de riesgo más racional según algunas cifras.
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dilluns, 4 de febrer del 2013

Las emparedadas


Las emparedadas eran mujeres que se encerraban voluntariamente en diminutas habitaciones, a menudo tan pequeñas que no podían echarse para dormir en las iglesias y catedrales.
Hubo dos tipos de emparedamiento: aquel que con carácter de castigo se impuso a determinadas mujeres por sus faltas y delitos cometidos, nada nuevo en la historia si recordamos el caso de las sacerdotisas vestales que en la Antigüedad eran encerradas al haber perdido su virginidad, y el caso de las mujeres que voluntariamente, con autorización de sus familiares y superiores, decidían adoptar este tipo de vida penitente.
 
La puerta de la habitación era tapiada y quedaban encerradas permanentemente hasta su muerte. Su único contacto con el mundo era mediante una pequeña ventana con barrotes por las cuales se les pasaba alimentos. En algunos casos esta ventana daba a la iglesia y vivían de las sobras de los curas, en otros daban a la calle y vivían de la caridad de los transeuntes.

Quizá el abuso fue la causa de que en el Sínodo del arzobispo Ayala de 1693 se prohibiera en adelante estos emparedamientos; sin embargo, las comunidades admitidas hasta entonces siguieron vigentes y sujetas a visitadores nombrados por el Ordinario, disponiendo que en adelante no se celebrasen misas en sus celdas y encierros, ni aún
in artículo mortis. Hoy no queda más recuerdo en el paisaje urbano de tales emparedamientos que los viejos muros de las antiguas parroquias citadas, testigos de un tipo de penitentes que con el tiempo evolucionó hacia beaterios y reclusiones en comunidad de doncellas y viudas.

Una de ellas era Santa Oria, que parece que sobrevivió unos 20 años a este encierro, luego de haberse ofrecido voluntariamente a los nueve años de edad.
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dimecres, 30 de gener del 2013

Mujeres del S. XXI


Mujeres del siglo XXI


por RAQUEL QUÍLEZ

Lejos del salón de casa. Con una vida laboral activa. La situación de la mujer hoy dista mucho de ese cuadro que nos pintaba Austen con jóvenes cultivando los talentos justos para conseguir marido y no ofenderle. Era su única vía de escape. En 200 años, el mundo se ha abierto de par en par. Pero no siempre; pero no a todas.
En sus novelas, Austen muestra a heroínas del día a día, de ésas que se rebelan contra el lugar secundario que la sociedad otorga a la mujer. Era la Inglaterra previctoriana, sí, pero muchas se han visto en idéntica situación después. Como en cualquier radiografía, hoy el diagnóstico cambia en función del foco. De Somalia, peor país del mundo para nacer, según Save the Children, a la desarrollada Islandia, cabeza del ranking.
En España, los datos desprenden un relativo optimismo. O lo hacían antes de que la crisis se nos cayese encima. Las jóvenes españolas han logrado los mayores avances de Europa en Educación, tras Portugal, dice la CEOE. Y eso que los años de Franquismo, en los que se cultivó el papel de esposa, contuvieron la emancipación de la mujer. Los datos hablan: en la franja comprendida entre los 55 y los 64 años, el 36,15% de los hombres tiene educación secundaria frente al 28,59% de las mujeres. De los 25 a los 34, la tendencia cambia: las féminas que han estudiado son el 70,20% frente al 59,42% de varones. Su cualificación ha ayudado a reducir la brecha de género en la participación laboral, que ha pasado del 50% en 1980 a un 13,5% en 2011. Partíamos de muy abajo y hemos remontado. Pero la economía amenaza con volver a hacernos caer. Según la EPA, durante 2012 el desempleo aumentó algo más entre ellas (un 14,7%), que entre ellos (un 11,7%), con lo que la tasa de paro masculina cerró el año en el 25,58% frente al 26,55% de la femenina.
Entre los 27 y los 30 años estamos más igualados, pero a partir de ahí las estadísticas demuestran que al hombre le beneficia laboralmente tener una estabilidad familiar, mientras que le perjudica a la mujer
Carmen Bravo, secretaria de la Mujer de CCOO, traduce los números: los recortes en el empleo público y en las ayudas a la dependencia les afectan de lleno a ellas, que asumen esa responsabilidad en la familia —las españolas tienden a dedicar100 minutos más diarios al trabajo no remunerado—, acaparan los contratos más precarios y están emigrando más en busca de un futuro fuera. Eso, las jóvenes, porque entre las mayores a menudo las pensiones son más bajas y dependen de su compañía. Mujer viuda, combinación que asusta. «Entre los 27 y los 30 años estamos más igualados, pero a partir de ahí las estadísticas demuestran que al hombre le beneficia laboralmente tener una estabilidad familiar mientras que le perjudica a la mujer», sentencia Bravo.
Vamos con casos reales. Un 34% de los altos directivos en España son mujeres. Y de cada 10 miembros en los consejos de administración de empresas que están en Bolsa, sólo una lo es. Rosa García (Madrid, 1965) es una de las que han conseguido llegar. Licenciada en Matemáticas, casada y con tres hijos, de 18, 14 y siete años, ha despuntado en Microsoft, donde llegó a ser presidenta para España y ocupó puestos internacionales. Ahora preside Siemens España. ¿Cómo lo hace? «Soy afortunada porque en mis empresas se ha primado una cultura de objetivos que permite trabajar desde fuera. Por suerte, jamás me han preguntado si iba a tener un hijo o me iba a tomar la baja maternal. Y lo cierto es que en 22 años de trabajo, he parado nueve meses. El balance siempre le ha sido favorable a la empresa», cuenta.
Es una excepción. Lo sabe: «Mi caso no es significativo. Se habla de las ejecutivas como de los grandes héroes, y es un error porque tenemos unos salarios y unas condiciones que nos permiten conciliar. Los modelos de verdad son las mujeres que ganan 800 euros al mes, se levantan temprano, llevan a los niños al colegio en autobús o corren a casa de los abuelos y se marchan a trabajar, no siempre en el mejor lugar». Mujeres como Marta Lorenzo, publicista, que tras mucho pensárselo y quedarse embarazada por primera vez a sus 36, ha tenido que pedir reducción de jornada —y sueldo— y hace números para llegar a fin de mes. «Eres la tercera en el organigrama, si pides la reducción, te sales de él», le dijo su jefe. Tuvo que elegir y optó por la familia. Una realidad que no siempre muestran las estadísticas.
«Debemos concienciarnos de que la conciliación favorece también a los hombres, que también quieren ir al pediatra, cenar en familia o ver el concierto de Navidad del niño. En los últimos años, los currículos de las mujeres son en general mejores, por lo que aunque seguimos bajos en niveles de directivos, debería corregirse de forma natural», apunta Rosa García. Pero el cuento no siempre tiene final feliz.
Según el Estado Mundial de las Madres de Save the Children, España ocupa el decimosexto mejor lugar del mundo para ser madre. Ha caído cuatro puestos en un año. Cosas de la crisis. El informe arroja otros datos reveladores: las españolas ganan 0,52 euros por cada 0,75 que gana un hombre, y un 35% de los escaños políticos estaban ocupados por ellas en 2011. Además, nuestra esperanza de vida es de 85 años, similar a la de Francia o Suiza y sólo superada por Japón, la tasa de mortalidad de menores de cinco años es de 5 por cada 1.000 y el 62% usa anticonceptivos.
En términos generales, el Foro Económico Mundial sitúa a España en el puesto 26 en el ranking mundial de igualdad de género, 14 peldaños por debajo que en 2011. «Lo cierto es que el panorama es cada vez más precario en igualdad. El descenso en los indices de natalidad está siendo alarmante y el apoyo a la familia está a años luz del europeo. Hoy una mujer que decide tener un hijo lo tiene muy complicado, porque no hay ningún tipo de apoyo y la mayoría de las empresas mantiene un comportamiento patriarcal», afirma Carmen Bravo. Con su nueva vida, Marta Lorenzo comienza a trabajar a las siete de la mañana, pero antes ha levantado a la niña, le ha dado el pecho y la ha llevado a la guardería. Siempre corriendo. Sale a las 14.00 horas, come lo que preparó la noche antes y recoge al bebé que acaparará su tarde mientras la vida sigue en la oficina. A las 21.00 se abre la puerta de casa. Es su marido. La niña duerme.
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