Cecilia Grierson
(Argentina 1859 - 1934 )
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Aquesta vol ser "una finestra pròpia" on visibilitzar les activitats culturals fetes per dones i on compartir allò que ens interessa.
dilluns, 14 de maig del 2012
Cecilia Grierson: primera doctora de Sudamérica
diumenge, 13 de maig del 2012
Las madres piden tiempo
Por Tere Sáez, técnica de Igualdad. Coordinadora de Andrea
(...) El papel social que realizan las madres en este mundo, es necesario que sea reconocido, pero como un trabajo socialmente necesario, que debe de ser valorado, computado (actualmente está catalogado en la categoría de inactivas) y sobre todo repartido entre todos los seres humanos y la sociedad en su conjunto mediante la creación de los recursos sociales necesarios. El cuidado, es algo vital e importante en nuestras vidas y para el buen funcionamiento de la sociedad. La función de cuidar, en estos momentos, la hacen como nadie, las mujeres, no sólo por el hecho de traer las criaturas al mundo, sino también y especialmente, porque esta sociedad así lo piensa, lo dice y nos lo hace vivir. Nos ha adjudicado este papel, el de cuidar, en exclusividad, como algo natural e innato al hecho de ser mujer, cuando en realidad es algo que se aprende y construye y que a los hombres apenas se les enseña ni se les pide que lo ejerzan. Lo interesante sería que el ser madre y padre fuera compartido por ambos sexos, sin esquemas ni prejuicios. Que ambos cuidaran, dispensaran y cubrieran los cariños y necesidades afectivas que toda persona humana necesitamos, desde nuestro nacimiento y a lo largo de toda nuestra vida. Y si de paso se interiorizaban de forma generalizada los valores que van implícitos al cuidado para la actuación política y social, otro gallo nos cantaría y el mundo sería para todos y todas mucho más amable y acogedor, además de justo.
Pero, afortunadamente, en estos momentos, madres, aunque sólo haya una, las hay muy diversas y en ello está lo interesante. Nos encontramos con varios modelos de mujer y de madre, y es posible pensar en mujer sin necesariamente ligarlo a madre, como algo de obligado cumplimiento para todas o como un hecho que si no lo cumples te convierte en mujer incompleta. Así pues, están las que trabajan dentro y fuera de casa (la mayoría) y, claro, acaban agotadas. Las que les gusta el deporte, la lectura, cuidar plantas, cocinar, hacer txapuzas. Las que adoran a las criaturas, pero son conscientes de que no pueden ni deben tener todas las que Dios les dé o que deben posponer su deseo ante el hecho de que esta sociedad no pone las medidas necesarias para la conciliación de la vida laboral y familiar, así como por la escasa participación masculina todavía en estos menesteres. Las que están encantadas de hacer el trabajo de cuidar a sus hijos e hijas y se lo plantean como una opción y aquéllas que desean que este trabajo sea compartido entre hombres y mujeres o no tienen deseos de ser madre. Las que les apasiona la vida social y política, su trabajo profesional, viajar, las que no quieren renunciar a su tiempo de ocio…. Madres que han desaparecido violentamente de la vida de sus hijos e hijas como las cerca de 80 mujeres que mueren al año por violencia de género. las que han estado siempre detrás, de colchón emocional y físico, no perdiendo nunca la esperanza, como ésas que han luchado por esclarecer la situación de sus hijos e hijas desaparecidas o asesinadas como Asun Casasola, madre de Nagore Laffage. O las que no entienden por qué los suyos tienen que sufrir en los conflictos políticos y a ellas negarles el derecho a verlos y tenerlos cerca. Esas madres que tan sólo con su existencia humanizan los conflictos, desde la vivencia del amor incondicional y el deseo de acabar con el sufrimiento de sus seres queridos.
A todas ellas, para que no se pierda esta parte de la vida de las personas, se valore y llame por su nombre real: trabajo reproductivo. Apostando porque esta parte del ser humano también sea compartida con los hombres, además de que existan los recursos necesarios para compaginar todas las facetas de la vida de una persona. Todos y todas debemos ser cuidadores, empezando por nosotras mismas. Este es un buen regalo, a pesar de los tiempos difíciles: Querernos y mimarnos (...). Exigir los recursos necesarios (escuelas infantiles, centros de día para mayores…) y sobre todo, que el cuidado, versus papel de madre-mujer, sea tratado con dignidad y justicia, o sea, como trabajo, el que debemos compartir y repartir, mirándolo como u posible nicho laboral e inversión en I+D+I. por ello el mejor regalo sigue siendo: COMPARTIR LOS CUIDADOS y Apostar por un Futuro igualitario con corresponsabilidad.
Adaptación
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dissabte, 12 de maig del 2012
Las jóvenes de las petromonarquías desafían la tradición
Por Ángeles Espinosa. Foto Reuters
Las jóvenes de la península Arábiga quieren tomar las riendas de su destino
Cuestionan las costumbres patriarcales y los matrimonios forzosos
“Quiero librarme de mi familia y vivir mi vida”, espeta Fadwa en un arranque de sinceridad. La confidencia, que suena a pataleta de adolescente, adquiere un significado diferente cuando la pronuncia una mujer en una de las monarquías de la península Arábiga, donde el petróleo parece haber anestesiado a la población frente a los vientos de cambio que sacuden la zona. El conservadurismo, fruto tanto de los valores tribales y religiosos como de la reacción a la apresurada modernización de estas sociedades, ha sido un lastre para el avance de las mujeres. Ahora el acceso generalizado a la educación, la televisión por satélite, los viajes, Internet y la urbanización están transformando de forma irreversible sus aspiraciones.
A sus 23 años, Fadwa tiene detrás una dura historia personal de matrimonio impuesto, maternidad temprana, depresión y divorcio (...) “Quería estudiar y mis padres me dejaron claro que si no aceptaba casarme, no podría hacerlo”(...) "Lo pasé muy mal, me causó problemas psicológicos, he estado en tratamiento", admite satisfecha de haber dejado atrás esa etapa oscura. Queda, no obstante, un hijo de tres años que, tras el divorcio y hasta que cumpla 11 años, permanecerá a su cargo. “Lo cuida mi madre”, confía. Eso es lo que le ha permitido aceptar este trabajo de secretaria en una oficina del Gobierno. “Gano menos de lo que podría con mi título, pero planeo hacer un máster y aquí tengo más tiempo”, explica con determinación (...)
La educación ha sido clave en el avance de las mujeres de las seis monarquías petroleras del golfo Pérsico, donde no tuvieron acceso a la enseñanza hasta los años sesenta del siglo pasado. Han aprovechado bien las oportunidades. Hoy, constituyen entre el 60% de los universitarios (en Arabia Saudí) y el 77% (en Emiratos Árabes Unidos). La Universidad les ha permitido salir del núcleo cerrado de la familia al que los sectores más tradicionales aún desean relegarlas. Con sus diplomas bajo el brazo, quieren trabajar y tomar las riendas de su destino.
Progresivamente, han llegado a profesiones habitualmente dominadas por los hombres como ingeniería, ciencia, informática, derecho, comercio o la industria del petróleo. Constituyen el 35% de la población nacional activa y rondan el 60% en la administración pública, incluida alguna ministra y embajadora. También tienen el mayor número de empresarias de la región. Los negocios, junto al funcionariado, son el ámbito favorito de empleo porque da flexibilidad para combinar el trabajo con la responsabilidad en el hogar que les asigna la tradición.
En el terreno social, los cambios van más despacio. Perduran todavía limitaciones legales (como el derecho a trasmitir la nacionalidad, el divorcio en las mismas condiciones que los hombres, y la custodia de los hijos tras la separación), de movimiento (Arabia Saudí es el caso extremo), o simplemente, para elegir la vida qué quieren vivir. Trasnochados códigos de honor o la presión del qué dirán aún pesan como una losa sobre muchas mujeres, en especial de familias beduinas o asentadas en localidades del desierto, lejos del cosmopolitismo de las ciudades costeras (...)
Trasnochados códigos de honor o la presión del qué dirán aún pesan como una losa sobre muchas mujeres.
Shahla no espera que le concedan nada (...) Ir a bailar o a tomar una copa constituye todo un desafío al orden establecido.Sus vaqueros y camiseta son toda una declaración de intenciones. “Me cubro cuando voy a casa los fines de semana porque si no a mi madre le da un patatús”
A sus 24 años ha tenido varios novios, una tacha inconfesable en su entorno, y sopesa si su actual pareja merece la pena como para romper con su familia y su país. Aunque confiesa haber pensado también en optar, como hizo Fadwa, por la vía del matrimonio y el divorcio con chico de su país, como un medio para obtener la libertad sin tener que abandonar a su familia. Sería una decisión sin vuelta atrás, como el proceso de cambio que se está produciendo a fuego lento en toda la región.
Fuente
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divendres, 11 de maig del 2012
Mujeres: ¿madres cuidadoras?
AmecoPress/NEWS.- La crisis que nos afecta ha sido sobre todo definida en términos económicos, pero somos muchas las personas que nos planteamos que este hundimiento de lo económico va acompañado de una verdadera crisis de civilización, que abarca también lo relacionado con la sosteniblidad de la vida, tanto desde el punto de vista ecológico como del de la reproducción social.
La economía se concibe en nuestro sistema actual como aquellos procesos ligados a las actividades mercantiles, a lo productivo, a la obtención de beneficio económico, netamente antropocéntricos. Pero desde el punto de vista de la sosteniblidad de la vida, hemos de cambiar nuestro enfoque de lo económico para poner en el centro, ya no los mercados y el beneficio monetario, sino el bienestar de las personas y el cuidado de la vida.
Éste es el enfoque que se está elaborando desde las teorías de decrecimiento y desde la economía crítica feminista.
De esta nueva concepción de lo económico se desprende también una nueva concepción del trabajo, tradicionalmente entendido como empleo, o actividad por la que se recibe remuneración (ligada a la lógica mercantil); desde el replanteamiento que exponemos, el trabajo se concibe como todas las actividades ligadas al sostenimiento de la vida, incluidas las realizadas en los hogares, fundamentalmente por mujeres.
Se trata de las llamadas labores de cuidado, que abarcarían los trabajos objetivos como sostener la vivienda, encargarse de las compras, elaborar los alimentos, proveer el vestido, mantener la higiene… También trabajos subjetivos necesarios para la estabilidad emocional, la seguridad afectiva, la capacidad de relación y comunicación, las relaciones con las instituciones… Y además esa labor constante de “estar pendiente” de que todo funcione, que se relega a la esfera femenina.
Toda la ingente cantidad de horas de trabajo dedicadas a estas tareas, ha sido cuantificada por algunas economistas en más de 26 millones de puestos de trabajo a jornada completa en España.
Pero el tiempo invertido en este tipo de trabajos no responde a la lógica mercantil imperante de eficiencia y beneficio económico, sino que responde a unos ritmos, tiempos y valores distintos, que son los de la lógica de la vida. Quizá sea por ello por lo que el tiempo y la dedicación a los trabajos de cuidados siguen estando infravalorados e invisiblizados.
Una persona que accede a un trabajo remunerado, puede hacerlo gracias a que tiene detrás todas estas horas de trabajos destinados al cuidado de la vida; no ha de olvidarse que las empresas se benefician enormemente de que estos trabajos estén invisiblizados, para así recibir trabajadores listos para dedicarse al empleo en largas jornadas, sin otras obligaciones, y con sus necesidades de cuidados (en su sentido más amplio) cubiertas.
Puede afirmarse también que nuestro sistema económico se sostiene porque existe este injusto reparto del tiempo de trabajo, que hace que recaiga sobre las mujeres la labor de que “el conjunto encaje”. O dicho de otra forma, nuestra paz social, se logra gracias a la desigualdad.
No obstante, en nuestra lucha por la igualdad, las mujeres no perdemos de vista que no es viable que nosotras copiemos el modelo de trabajo masculino, pues alguien ha de ocuparse de las labores de cuidado. Por eso en lugar de hablar de igualdad, desde la economía crítica feminista se prefiere el término de “sosteniblidad de la vida”, y nuestra lucha sería por “el vivir bien” de mujeres y hombres. Un objetivo que desde este punto de vista, ya no es “cosa de mujeres”, sino que implicaría a todas las personas. Como decíamos al principio, la crisis a la que nos enfrentamos es una crisis de civilización y ética, que nos exige plantearnos los modelos de masculinidad y feminidad.
Estamos también ante una “crisis de los cuidados” o crisis de reproducción social, derivada de la crisis del Estado de Bienestar, con la creciente privatización y consiguiente precarización de los servicios sociales; una crisis en las que las mujeres salen a trabar fuera del hogar, pero nadie se ocupa de las tareas que hacían en él; crisis porque el envejecimiento de la población supone más tareas de cuidado que han de asumirse; porque el desarrollo urbano no ofrece suficientes espacios públicos en que desarrollar nuevas redes de apoyo y ayuda comunitaria; crisis porque las empresas no asumen responsablidades por un trabajo de cuidados del que se benefician gratuitamente (muy al contrario, aportan menos cotizaciones).
Ante ello, plateamos la necesidad de un debate político que incluya qué es calidad de vida, por qué es importante el decrecimiento, cuáles debieran ser realmente los criterios de austeridad. Planteamos que es imprescindible la visiblización de esta situación insostenible, que hay que reconocer que la vida supone interdependencia entre los seres, porque nos necesitamos unos a otros, y que es un mito esa “autonomía” que nos vende nuestro sistema socio-económico capitalista. Planteamos también que hay que revalorizar los trabajos de cuidado y que sólo quien cuida los valora, por lo que “no cuidar favorece la perpetuación del sistema capitalista”.
Planteamos que el conflicto capital-vida ha de enfocarse como conflicto colectivo y resolverse por toda la colectividad tejiendo todas las alianzas posibles.
Planteamos que hay que salir de la lógica del beneficio económico, aumentar el gasto social y reducir el trabajo no remunerado, e implicar a las empresas económicamente. Planteamos la necesidad de una redistribución global; redistribución de los recursos naturales, de los trabajos de cuidados, de los tiempos, los salarios… y un replanteamiento de qué trabajos son necesarios y cuáles se puede prescindir porque no responden a la lógica de la vida.
Hoy, que en la mayor parte de los hogares se celebra el día de la madre, queremos reconocer todo este mundo oculto de desarrollo de la vida humana, que queda relegado a lo doméstico, femenino e invisible y que permite que la vida se desarrolle. Pero afirmamos también que la maternidad, como los trabajos de cuidados, no son consustanciales a las mujeres, y que mujeres y hombres estamos sobradamente capacitados para hacer de este mundo un espacio habitable y justo.
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dimecres, 9 de maig del 2012
Valérie Trierweiler, lleva la discreción al Elíseo
Quinta de seis hermanos, Trierweiler (cuyo verdadero apellido es Massonneau) nació en 1965, y en febrero cumplió 47 años. Su padre, que había perdido una pierna tras pisar una mina durante la Segunda Guerra Mundial, murió cuando ella tenía 21 años, y su madre trabajó como cajera en una pista de patinaje de su ciudad natal, Angers.
Tras estudiar Historia y Ciencias Políticas en la Sorbona, la nueva primera dama francesa orientó sus pasos hacia el periodismo en 1988, consiguiendo poco después un trabajo en la revista Paris Match, donde se especializó en política y, sobre todo, en asuntos relacionados con el Partido Socialista. Tras divorciarse de su novio de toda la vida, fue en esa revista donde conoció a Denis Trierweiler, con quien se casó, tuvo tres hijos (ahora adolescentes) y cuyo apellido usa desde entonces.
Aunque había conocido a François Hollande en 1988 (ella tenía 22 años, él 34), no fue hasta 2006 cuando ambos comenzaron un romance que se hizo público en 2010 —antes él estaba casado con Ségolène Royal—. Desde entonces, apenas se han separado: Trierweiler lo acompañó en importantes mítines, lo elogió en entrevistas y, sobre todo, a través de su cuenta en Twitter y, dicen, fue fundamental para cambiar la imagen de un político que durante la campaña electoral se ha mostrado bastante más delgado de lo acostumbrado. Vistos los buenos resultados en las urnas, ¿lo tendrá Valérie también a dieta en el Palacio del Elíseo?
Se dice que, aunque cultive una imagen de seriedad y discreción, Trierweiler cuida mucho su físico: visita con frecuencia la piscina, monta mucho en bicicleta y se machaca en el gimnasio.Eso sí, antes de meterse en la cama agotada se impone escuchar, cada día, el boletín radiofónico de noticias. ¿Y con Hollande? ¿Habrá boda? "No queremos casarnos por obligación", dijo recientemente la periodista en una entrevista. "Es un tema que concierne a nuestra vida privada", aseguró.
Fuente
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dimarts, 8 de maig del 2012
Las mujeres machistas
Todas las mujeres, prácticamente sin excepción, hemos sido criadas dentro de una sociedad patriarcal. Algunas hemos tenido la suerte de tener padres y madres sensibilizados ante los temas de género, pero aun así no se puede evitar crecer dentro de una sociedad machista donde lo femenino es sinónimo de débil y lo masculino es igual a fortaleza.
Muchas mujeres asumen esto con naturalidad, incluso piensan que es una ridiculez, una pérdida de tiempo o completamente irrelevante ser nombradas de acuerdo a nuestro género (ya se sabe, psicólogos y psicólogas, médicos y médicas, padres y madres…).
¿Será que se avergüenzan de su condición femenina/débil? Se nos obliga a cuestionarnos la forma de nuestros cuerpos, a sentir que nunca somos lo suficientemente guapas, inteligentes o adecuadas. ¿Por eso preferimos ser invisibles que destacar nuestras incontables ‘imperfecciones’? Pero, ¿qué hay de malo en que mujeres y hombres seamos iguales y no necesitemos matarnos para demostrar nada?
También hay mujeres que piensan que es innecesaria trabajar por la reivindicación de nuestros derechos, tildándolo de innecesario.
Quizá es que ésta sigue siendo una sociedad que se niega a entender que mujeres y hombres tenemos necesidades distintas pero iguales derechos y deberes. Es una sociedad que penaliza a la mujer que disfruta y decide sobre su cuerpo y premia a los hombres por hacer lo mismo. Es una sociedad llena de mujeres criadas dentro de un sistema que todavía hoy nos convence de que es mejor insertarse en un grupo de hombres y pasar desapercibida que hacer evidencia de nuestra existencia.
Las mujeres machistas son la madre que después de aguantar décadas de violencia pretende que su hija también lo haga. Son las amigas que te dicen que eres víctima de violencia porque te gusta, porque no te sabes comportar o porque quieres serlo. Son las mujeres que prefieren ser llamadas licenciado, son las mujeres que prefieren ver un mundo redactado en masculino para no tener que recordar lo que supone ser mujer.
Son mujeres víctimas de sí mismas y de una sociedad que las educó y las forjó de esta manera. Aunque parezcan ser las enemigas de los movimientos feministas, no lo son. Es precisamente por estas mujeres que los movimientos feministas existen.
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Issotta Nogarola, primera intelectual del Renacimiento
La vida de Isotta Nogarola, considerada la primera intelectual del Renacimiento, se caracteriza por (...) su lucha por ser reconocida como intelectual más allá de su sexo, a
pesar de que eso le costó retirarse y vivir como una devota sin
participar de los círculos intelectuales del momento.
Nació en el año 1418 y se crió en el seno de una noble familia de
Verona. Isotta y su hermana Ginevra, huérfanas de padre, fueron
extraordinariamente educadas por varios preceptores contratados por su
madre. Su hermana abandonó sus estudios para contraer matrimonio.
Isotta, en cambio, optó por el celibato para poder dedicarse al saber y,
consciente de su valía, trató de introducirse como una más en los
círculos humanistas masculinos. Cuando contaba dieciocho años, ya había
mantenido una importante correspondencia con escritores que habían
alabado su elocuencia y su sabiduría.
RECHAZADA POR LA SOCIEDAD
En torno a octubre de 1436,
decidió escribir al prestigioso humanista Guarino Veronese (...) quien la humilló públicamente dejando sin respuesta
esa misiva. Sin embargo, Isotta no se dejó asustar. Llena de rabia
escribió de nuevo a Veronese en abril de 1437. En su carta se quejaba de
la situación en la que había quedado a causa de la falta de respuesta
del intelectual, por lo cual había quedado ridiculizada por toda la
ciudad y suplicaba la ayuda de Veronese para recuperar su reputación
poniendo freno a las “scelestas linguas que me llaman torre de audacia y dicen que debería ser enviada a los confines de la tierra por mi osadía”.
Guarino Veronese respondió esta vez en un tono paternalista y
condescendiente, pero severo, en el que aconsejaba a Isotta abandonar
una profesión que no era adecuada para su sexo y se casara, pues, lo que
pretendía sólo era posible creando “a un hombre dentro de la mujer” .
La actitud de Guarino Veronese dio rienda suelta a las críticas de otros
intelectuales que hasta el momento habían tolerado la osadía de esa
joven mujer, pues pensaban que su voluntad de estudiar era un capricho,
no
demasiado serio y que, tarde o temprano, se casaría, como había hecho su
hermana Ginevra y se olvidaría de sus estudios. Como la propia Nogarola
explicaba, toda la ciudad se burló de ella. No sólo los intelectuales,
las mujeres también se pusieron en su contra.
Como otras muchas mujeres sometidas persecuciones y desprecios
semejantes a lo largo de la historia, Nogarola se sintió profunda e
injustamente humillada. La única mujer que la apoyó fue la también
humanista Costanza Varano, quien afirmó en una carta escrita que
Nogarola no sólo había sobrepasado a las mujeres cultas de la antigüedad
sino a los hombres cultos de su tiempo. Además, la instaba a ser
valiente y no conformarse con ser una mujer religiosa tradicional sino a
asumir un papel nuevo como intelectual.
Desesperada, Isotta se disculpó por haber escrito esa carta a Guarino
Veronese, se lamentó de que la fragilidad de su intelecto y la debilidad
de su sexo le impidieran elogiarle debidamente, presentando excusas por
su presunción y reconociendo que era un pecado de arrogancia. Pero el
mal estaba hecho. El acoso continuó y, a pesar de su cambio de actitud,
recibió las críticas y las acusaciones más crueles: fue acusada de
incesto, promiscuidad e incluso de lesbianismo en base a la creencia de
ninguna mujer elocuente es casta. El argumento era que puesto que había
mostrado desde pequeña una tendencia tan antinatural para una mujer como
el interés por los estudios humanísticos, por la filosofía, la
retórica, por la escritura en latín, debía ser porque su naturaleza
estaba violentada también en otros sentidos.
Decidió volver a refugiarse en
la villa familiar a las afueras de
Verona, y se retiró de la vida pública y de la escritura y (...) se convirtió en una devota religiosa (...) visto como una
ocupación más adecuada para una mujer. Recibía pocas visitas y mantuvo
alguna correspondencia con otros intelectuales, en particular, Ludovico Foscarini, un
político veneciano. Él visitó su casa a menudo, participando en
discusiones con otros miembros de la familia Nogarola, y su relación
nunca fue romántica. Isotta recibió una propuesta de matrimonio en 1453,
pero siguiendo el consejo de su amigo Foscarini, ella se negó.
Tras diez años de silencio, vio la luz su obra más conocida, un diálogo
en torno a la culpa de Adán y Eva en el pecado original titulado De
pari aut impari Evae atque Adae peccato... contentio super Aureli
Agustini sententiam videlict peccaverunt impari sexu sed pari fastu. Sus restantes obras son de argumento variado. En 1453 compuso la Oratio in laudem beati Hieronymi. Se
trata de una hagiografía de San
Jerónimo en la que Isotta elogia no sólo la figura santa sino también la
intelectual. En 1459 escribió una carta al papa Pío II con ocasión de
la convocación
del Concilio de Mantua, instando al Papa a emprender la cruzada contra
el infiel. Y en 1461, la Consolatio ad Marcellum (...) encargada por Jacopo Antonio Marcello.
En 1454, Isotta contrajo una enfermedad crónica que la acompañaría hasta
su muerte. Vivió recluida en una
habitación con la única compañía de su madre, cuya muerte en 1461 dejó a su hija en una completa soledad. Cinco años después, a la edad de 48 años, Isotta Nogarola abandonó este
mundo.
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