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dimecres, 13 de juny del 2012

Las mujeres, las grandes ausentes en el lenguaje


La lingüista feminista Mercedes Bengoechea y la Presidenta de Mujeres Progresistas Yolanda Besteiro argumentaron en el Consejo de la Mujer del municipio de Madrid la necesidad de visibilizar a las mujeres a través del lenguaje, de un uso no sexista y de las incorporaciones de términos incluyentes. Repensar y reflexionar sobre el lenguaje, sus usos y la visibilización de las mujeres fue el objetivo de este taller que reunió a dos expertas en la materia.
Mercedes Bengoechea Juan, lingüista y experta en lenguaje incluyente, ha sido decana de la Universidad de Alcalá de Henares y ha participado en infinidad de proyectos e iniciativas que ponían el acento en el lenguaje como herramienta de comunicación que incluye o excluye según su uso.
Bengoechea repasó cómo el lenguaje invisibiliza a las mujeres marginándola de términos y conceptos. Su apuesta porque el uso configura el lenguaje imbuyó de esperanza a las personas que sisitieron a escucharla. Porque la lengua es, fundamentalmente, fruto del uso y cómo lo usen las y los hablantes configura su evolución y logra que se instauren y se hagan cotidianos vocablos y términos.
Yolanda Besterio, Presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, denunció los contínuos ataques al lenguaje incluyente desde distintos ámbitos, incluso desde personas con influencia y responsabilidad social. Así, recordó que los términos machismo y feminismo son recogidos en el diccionario de la RAE de manera diferencia, sin ninguna posibilidad de confundir los objetivos de ambas categorías. Y, sin embargo, denunció, Yolanda Besteiro, García de la Concha, cuando ostentaba el cargo de Presidente de la RAE, afirmó que lo ideal es un término medio entre machismo y feminismo.
Porque el lenguaje importa, porque forma parte de la identidad de las personas. Por ello, las mujeres reclamamos que el lenguaje también es nuestro y que debemos estar incluidas en el lenguaje, porque existimos, con nuestros derechos y deberes, con nuestras maneras de ser y de estar en el mundo.
Fuente
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dimarts, 24 d’abril del 2012

María Moliner, la mujer detrás del diccionario


No hacía mucho tiempo, las mujeres podían entrar a las bibliotecas como a los museos: a mirar, no a estudiar. Esa era la herencia que recogía María Moliner (Paniza, Zaragoza 1900-Madrid 1981), o peor aún: la de la España rural, la de una familia a la que el padre abandona cuando María tiene 14 años, una curiosidad infinita y el hondo aprendizaje de la solidaridad. «Fue un hito y una mujer pionera en el siglo XX. Pero tiene un perfil humano más allá del profesional que la convierten en un ejemplo», dice Pilar Rubio, autora de «Vida de María Moliner», una biografía divulgativa de la filóloga y lexicógrafa.

El maestro era esencial
«El diccionario por el que todo el mundo la conoce no es sino la punta del iceberg de la pasión que sentía por las palabras, que fue amalgamada a lo largo de los años. En ella influyó el contacto con la Institución Libre de Enseñanza, que incorporaba una nueva forma de ver la vida y los profesores Américo Castro y Bartolomé Cossío, que le enseñaron el aprendizaje de la solidaridad». También aprendió que la regeneración de España tenía que venir a través de la cultura, pero claro, en los sitios rurales, donde no había otros medios que las autoridades, el maestro era fundamental. «Bebió en la fuente de Cossío, fue profesora particular para contribuir a la economía familiar tras el abandono del padre, y en esos años tuvo otro contacto decisivo con el Estudio de Filología de Aragón, que fue un hallazgo decisivo porque le permitió aprender a hacer fichas y a estar en permanente contacto con el habla. Fue un trampolín», dice su biógrafa, en el volumen que publica la Asociación matritense de Mujeres Universitarias.
«Las condiciones adversas desde la infancia la hicieron una mujer responsable. Procedía de una familia liberal, de médicos rurales, con aprecio por el conocimiento. Sus primeros trabajos como bibliotecaria le hacen valorar la socialización de la cultura y los conocimientos. Y es consciente de que hay una edad en la que a los niños les gusta mirar las constelaciones y mirar al cielo,  así que no se olvida de que puede hacer mucho por los niños de las personas humildes. Y profundiza en el papel y las posibilidades del libro». Su participación en el Plan General de Bibliotecas del Estado, que fue admirado en Europa, así lo atestiguan. Pero fue un plan del Gobierno de la República. «En una Guerra Civil es ‘‘o conmigo o contra mí’’, así que al terminar la contienda fue degradada 18 puestos en la escala del funcionariado, y a su marido le retiraron la cátedra», explica esta investigadora y editora. Su ideología, como era sobradamente conocido, era de izquierdas.
Un trabajo titánico
Fue destinada a la Biblioteca de Ingenieros y tuvo que renunciar a sus sueños de fundar una Escuela Cossío. Con sus ilusiones truncadas, para muchos, esta situación habría sido el final. No para María Moliner, determinada como pocos. Javier Tussel definió esta medida del régimen franquista como el «suicidio cultural» de España, pero «ella pensó: ‘‘No voy a permitir que todo lo que he hecho se quede en el silencio y el vacío’’. Y empezó a redactar las fichas». Durante 15 años muy duros, trabajando tras la «niebla de silencio» que le impusieron, como describe la autora. «Se le ha llamado el ‘‘diccionario de la soledad’’. Aunque es verdad que tuvo una ayuda muy importante en Mari Ángeles de la Rosa».Sin embargo, la ambición de Moliner era conseguir una obra universal, que incluyera arcaísmos, que incorporase las familias léxicas y ningún cabo suelto. Se le fue de las manos, no creía que tardaría tanto. Su perfeccionismo tampoco ayudó a apremiarse. «Ella era una máquina de redactar pero es una labor enorme. Yo he corregido un diccionario con un equipo de gente y métodos modernos y cuando llegas a casa ves asteriscos y puntos en el aire. No me puedo imaginar qué fue aquello», cuenta Rubio.
 Finalmete lo logra. «Creo que se puede decir que el día que vio el diccionario editado fue el más feliz de su vida». Luego llegaría su veto a la entrada en la Academia, pero ya no sufrió por eso. «No estaba como para interpretarlo y padecerlo como una ofensa. Corrigió su diccionario mientras tuvo capacidades. Cuidó de su familia, en especial de su marido, que estaba muy enfermo. A los suyos les dijo que era mejor, porque no podría compaginar los cuidados de su esposo con su hipotético trabajo en la RAE».
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divendres, 20 d’abril del 2012

Carme Riera, octava mujer en la Academia




                                                       La escritora y nueva acedémica Carme Riera. Foto: El Mundo

El Pleno de la RAE ha elegido a la escritora Carme Riera como nueva Académica de la institución y (...) se convierte en la sexta mujer en la RAE. La última en entrar fue la filóloga Inés Fernández Ordóñez, en febrero 2011. Además, están la escritora Ana María Matute, la científica Margarita Salas, la historiadora Carmen Iglesias y la escritora Soledad Puértolas. Aparte del sillón 'n', actualmente quedan otros dos vacíos: los dejados por Luis Ángel Rojo y Eliseo Álvarez-Arenas, correspondientes a las letras 'f' y 'b'. Pendiente de ocupar queda también el sillón 'Z', de José Luis Gómez, candidato electo a la espera de leer su discurso de ingreso (...) 



"Estaba expectante y no quería hacerme ilusiones porque Atencia (la otra candidata) es una gran poeta y una persona estupenda, pero ahora sí me las hago, estoy contentísima". Precisamente por la prudencia de no emocionarse antes de tiempo, no ha querido la escritora pensar en discursos de ingreso, aunque adelanta que, en alguna noche de insomnio barruntó algunos temas: "Me gustaría que versara en torno a otra mujer escritora", avanza. Además, asegura que es un honor ser la sexta académica y espera que, tras ella, "lleguen otras muchas más". Asimismo, ha declarado que tiene muchas ganas de trabajar y que, a bote pronto, le encantaría, entre otros proyectos, editar en la institución un diccionario castellano-catalán". Su letra, la n, también le gusta: "Era la que añade mi nieta, Marina, al nombre de mi hija, María", se alegra. 

En su opinión, la RAE está abriéndose mucho en estos momentos, sobre todo desde el empeño de García de la Concha por llevarla a los países latinoamericanos: "Creo que está de acuerdo con los tiempos que corren", elogia, aunque insiste en recordar la importancia del ingreso de nuevas mujeres en lo venidero. 

Carme Riera posee una extensa obra narrativa, escrita en castellano y en catalán. Por ella ha obtenido diversos galardones de entidad en Cataluña, como el Ramón Llull y el Josep Pla. También cuenta con el Nacional de Narrativa, ganado en 1988 con la novela en El último azul, y el Premio Anagrama de Ensayo, que se llevó con un estudio sobre sobre la generación de los 50, centrado en Barral, Gil de Biedma y Goytisolo. Acaba de publicar Naturaleza casi muerta (Alfaguara), una novela negra inspirada en la desaparición de un estudiante Erasmus, un ámbito que conoce muy de cerca dada su condición de docente en la universidad.
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